Historia y cáncer

Av PágA estas alturas creo que es de dominio público que mi interés por ciertos temas a menudo no es compartido por el resto de la gente a mi alrededor. El ejemplo más reciente fue la introducción a un trabajo de Enfermería Comunitaria sobre la evolución histórica del cáncer de pulmón desde hace treinta años.

La cuestión es que, como era de esperar, me he venido arriba y me he puesto a buscar información sobre la etimología de la palabra «cáncer», que ya conocía pero a nivel de curiosidad y no en profundidad.  Luego me he liado con ciertas nociones de literatura clásica, un poco de historia antigua y, ya que estaba, una pizca de paleopatología.

Vamos, una bola de nieve cuesta abajo.

Y como también era de esperar, son cosas que sabía que no iban a interesar al resto de integrantes de mi grupo de trabajo. No les reprocho nada, en realidad he sido un poco egoísta y, como me lo he pasado tan bien buscando información que me resultaba tan curiosa, pues me ha salido una introducción un poco extensa.

Luego al reunirnos y ponerlo en común se ha decidido reducirlo considerablemente. Bueno, no hemos puesto en común nada porque he sido yo el que ha hecho la introducción. En realidad les he ahorrado el mal trago de decirme que no les importaba una mierda todo aquello y simplemente he seleccionado el texto y le he dado a la tecla de suprimir sin pena alguna porque, como a veces las veo venir, ya había salvado el texto.

Corralejo, Lobos y LanzaroteLo cierto es que no tenía pensado publicarlo aquí pero, luego de pensarlo un rato, he pensado que era una oportunidad desperdiciada el guardarlo en mi disco duro. Al fin y al cabo, tan sólo he leído un par de artículos que cualquiera puede encontrar con una búsqueda bibliográfica normal y corriente, he extraído la información y he intentado redactarla de una manera más o menos legible. Ah, y con sus referencias «Vancouver style».

Lo dicho, tanto si eres un friki de las Ciencias de la Salud como si necesitas algo que leer en la cama para poder dormir, aquí va una somera revisión bibliográfica del origen histórico del cáncer.


Existe disparidad de opiniones en cuanto al curso histórico del cáncer, sobre si es una enfermedad de origen relativamente reciente o si ha estado presente y ha acompañado a la humanidad desde sus inicios. Las investigaciones en el ámbito de la paleopatología muestran alguna evidencia de lesiones tisulares compatibles con el cáncer en humanos[iii,iii], aunque también muestran que se trataba de una enfermedad poco frecuente.

Se considera que la historia (del latín historĭa, y este del griego ἱστορία, historía, que significa «indagación, conocimiento adquirido a través de la investigación») es la «narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados»[iv]. Por lo tanto, y atendiendo a esta definición, para que exista una historia es requisito indispensable que exista un registro escrito de la misma.

En este aspecto, está generalmente aceptado que la evidencia más antigua de escritura y, por lo tanto, el inicio de la historia de la humanidad, aparece alrededor del año 3500 a.C. con el sistema de escritura sumeria en la antigua Mesopotamia (actual Iraq). Siglos después, en los papiros egipcios se encuentran referencias a cierto tipo de patologías que generan discrepancias entre investigadores en cuanto a si se trata de patologías ulcerosas o cancerosas[iii,v].

Sin embargo, fue alrededor de los siglos V y IV a.C. cuando aparece la primera referencia escrita de la palabra cáncer relacionada con las patologías tumorales. En el Corpus Hippocraticum, una colección de obras tradicionalmente atribuidas a Hipócrates, se encuentran las primeras descripciones de las patologías cancerosas, además del origen etimológico de la propia palabra. Se menciona unas lesiones ulcerosas crónicas, algunas veces endurecidas, que se desarrollan progresivamente y sin control[vi] expandiéndose por los tejidos semejando las patas de un cangrejo (καρκίνος, karkinos, en griego[vii]).

Sin embargo, tanto καρκίνος como su derivado καρκίνωμα (karkinoma, añadiendo el sufijo ωμα, tumor) hacen referencia a úlceras externas y visibles de difícil curación, y en ningún lugar se usa para designar lesiones internas. Esta utilización hace que sea complicado diferenciar su uso como etiqueta diagnóstica de un cáncer tal y como lo definimos hoy en día o, por el contrario, como referencia a lesiones ulcerosas.

Un ejemplo es el párrafo dedicado a la ictericia: «Si en la ictericia el hígado se pone duro es mala señal. Si persiste esa ictericia puede ser debida al cáncer (karkinos) o cirrosis hepática, enfermedades ambas que ocasionan endurecimiento y aumento del volumen del hígado»[viii]. En otro escrito, sin embargo, describe el cáncer de mama usando también el término karkinos: «[…]En las mamas se producen unas tumoraciones duras, de tamaño mayor o menor, que no supuran y que se van haciendo cada vez más duras; después crecen a partir de ellas unos cánceres (karkinos), primero ocultos, los cuales por el hecho de que van a desarrollarse como cánceres (karkinos), tienen una boca rabiosa y todo lo comen con rabia»[vi].

Es a partir de entonces que el término es traducido al latín como cancer con ambos significados, tanto para el crustáceo como para la enfermedad. De ahí es adaptado en el idioma castellano como dos palabras diferentes con distinto significado: cangrejo (del latín cancri, y diminutivo de cangro), para el animal, y como cáncer, para la patología[ix].

Existen otras palabras médicas procedentes del griego que en la actualidad están ligadas con el cáncer, aunque en su origen no estuvieran relacionadas directamente con la patología. Un ejemplo es oγκος (oncos), que era usada simplemente como la denominación de una hinchazón o edema, que más tarde se traduciría al latín como tumor. Aulus Cornelius Celsus (25 a.C. -50 d.C.), en el libro octavo de su obra De Medicina, establece el tumor como uno de los signos típicos de la inflamación[x] y, sin embargo, a partir de mediados del siglo XIX surge el neologismo oncología para designar el estudio de los tumores, sean malignos o no[xi].


[i] Zimmerman MR. The Mummies of the Tomb of Nebwenenef: Paleopathology and Archeology. Journal of the American Research Center in Egypt. 1977;14:33-6.

[ii] Halperin EC. Paleo-oncology: the role of ancient remains in the study of cancer. Perspect Biol Med. 2004;47(1):1-14.

[iii] David AR, Zimmerman MR. Cancer: an old disease, a new disease or something in between? Nature Reviews Cancer. 3 de septiembre de 2010;10(10):nrc2914.

[iv] Real Academia Española. historia. En: Diccionario de la lengua española [Internet]. 23.a ed. Madrid: Espasa; 2014 [citado 17 de noviembre de 2017]. Disponible en: http://dle.rae.es/?id=KWv1mdi

[v] Salaverry O. La etimología del cáncer y su curioso curso histórico. Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Publica. enero de 2013;30(1):137-41.

[vi] Sanz Mingote L, Ochoa Anadón JA, editores. Sobre las enfermedades de las mujeres. En: Tratados ginecológicos. Madrid: Editorial Gredos; 1988. (Biblioteca clásica Gredos; vol. 4).

[vii] 1. Sebastián Yarza FI. Diccionario griego español. Barcelona: Sopena; 1988.

[viii] García Gual C, editor. Aforismos. En: Juramento, ley, sobre la ciencia médica, sobre la medicina antigua, sobre el médico, sobre la decencia, aforismos, preceptos, el pronóstico, sobre la dieta en las enfermedades agudas, sobre la enfermedad sagrada. Madrid: Editorial Gredos; 1988. (Biblioteca clásica Gredos; vol. 1).

[ix] Miguel R de. Nuevo diccionario latino-español etimológico. Madrid: Visor Libros; 2000.

[x] Celsus AC, Krause CC, Linden JA van der, Rode J. A. Corn. Celsi De medicina libri octo [Internet]. Lipsiae : Sumptibus Caspari Fritsch; 1766 [citado 17 de noviembre de 2017]. 896 p. Disponible en: http://archive.org/details/acorncelsidemedi00cels

[xi] Keil H. The historical relationship between the concept of tumor and the ending -oma. Bull Hist Med. agosto de 1950;24(4):352-77.

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