Todo lo que se irá mañana

Amanecer desde el balcón IIEs de noche, ya tarde, y beso tu hombro.
Sí, no me lo digas, ya me lo imagino:
tienes que levantarte temprano mañana,
y sé que estás cansada, muy cansada.
Me gusta estar abrazado a tu lado,
tan sólo así, quiero acompañarte.
Sentir a mi lado tu cuerpo,
desde tu propio lado de la cama.

Sabes que no me hacen falta excusas,
que sólo hace falta uno para ser dos,
para transformar tu cuerpo en un templo
en el que poder rezar a nuestro dios.
Prometo que cuando hayamos terminado
te sentirás derrotada, pero mañana
cuando te despiertes tan temprano,
ya verás, te sentirás como nueva.

No soy un tío egoísta, o eso intento.
No molestar, poder sacar esta idea
de mi cabeza y de mi cuerpo,
pero esta noche no tengo sueño.
No me puedo dormir, no puedo contar ovejas,
no puedo esperar que la tele me duerma.
Leo un libro, pero las palabras se pierden.
Lo intento… Pero no lo intento de veras.

Me giro, no puedo dejar de mirarte.
Este corazón late desbocado,
y maldigo mi suerte de tenerte
y me siento morir, así que te beso.
Tus ojos me miran y sonríen
y yo sólo quiero mirarme en tu sonrisa.
¿Acaso es que tú también quieres?
¿Acaso es que me he equivocado?

Recuerdo un verso que escribí ayer
que decía algo parecido a lo que pienso,
algo como «tu cuerpo es lo que quiero»,
o «tú eres todo lo que quiero tener».
Da igual, todo lo que no recuerdo,
ahora mismo, no tiene importancia.
Sólo quiero aprovechar el tiempo
hasta que te vayas temprano mañana.

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