Cierta distancia

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais #bladerunner #cristal #gafas #metalico

Sentir el color de tus ojos es mi intención
porque los dos queremos esa mirada en el alma.
Quizás ahora entiendo que hace falta cierta distancia
para poder enfocar claramente la situación.

Las cosas parecen mucho mejor cuando
soy parte de la piel que envuelve tu ropa.
Como el aroma que queda en las sábanas,
nos regala ilusiones de cercanía en la lejanía.

Recordando caricias y sueños más dulces,
con suspiros húmedos y sonidos tibios,
esas visiones que no dejan dormir la mente,
que calientan hasta quemar la carne y el alma.

Aún descubrimos sorpresas nuevas,
cuando nos arrullamos muy cerca, tan cerca.
Cuando cantamos alguna canción suavemente
o agarramos nuestros cuerpos con fuerza.

Tenía un misterio que no podía ser resuelto,
tenía una historia que no terminaba de ser contada.
Tenía un rompecabezas con algunas piezas perdidas,
y eres tú el engranaje que no sabía que me faltaba.

Todo lo que nunca hice

Huidas o regresos

Nunca vi amanecer hasta que pasé despierto una noche a tu lado
Nunca vi la luz del sol hasta que apagaste las luces de la habitación
Nunca vi mi hogar hasta que estuve demasiado tiempo lejos
Nunca sentí un latido hasta que escuché tu corazón

Nunca vi el mar hasta que me mudé tierra adentro
Nunca vi la luz de la luna hasta que brilló sobre tu piel
Nunca vi tus lágrimas hasta que rodaron sobre mi mejilla
Nunca olí tu pelo hasta que el perfume de tu cuerpo se fue

Nunca medí las distancias hasta que nos separó un cristal
Nunca vi las fronteras del mapa hasta que viajé en aquel tren
Nunca dije «te quiero» hasta que no pude susurrar a tu pecho
Nunca supe que me fui de tu lado hasta que te necesité

Mucho y poco, nada y todo

Back to the startSobre aquella colina decidí hacer un trato
porque mi cuerpo quería vivir cerca del mar.
Y con la sensación abrumadora del instante
en realidad no sentía ninguna otra emoción.

Creo recordar que me lo dijiste aquella vez:
«este momento es el momento, y no habrá otro igual,
y no hay nada más que pensar que en el ahora;
nada más que disfrutar del aquí y dejarte llevar

Entonces podía escuchar la llamada de la aventura,
de los caminos que se abrían ante nosotros.
Pero también oía el gruñido de la inquietud
porque en el horizonte una tormenta se formaba.

No, nunca pensé que fuera fácil y lo sabes,
porque en realidad ni tú ni yo lo somos.
Mejor cambiemos de tema, hablemos de otras cosas,
de mi mucho y de tu poco, de tu nada y de mi todo.

Cuando aquella noche le susurré a tu pecho
«no ha estado mal, pero creo que me voy a casa»
en realidad lo hice porque no te sentía mi hogar.
No fue por rencor, tan sólo regalaba sinceridad.

Y ahora, cuando miro atrás, me pregunto a solas
si es que aquel día dejaste que me marchara solo
porque tú también sabías que era lo mejor
o porque ya no tenías miedo a las noches sin mí.

Seis días

Las líneasSeis días y unas cuantas horas más
que mis ojos no se deleitan en ti.
Tu cuerpo no acaricia ya mis manos,
y de nuevo amanece casi helado
un corazón ya cansado de latir.

Otra vez te extraña mi almohada
empapada de sueños y amor.
Y pensaba que ya había aprendido,
que a tu ausencia me había acostumbrado,
pero la realidad me devuelve el dolor.

Ya seis días sufriendo nostalgias
por aquello que no pude hacer.
Y aunque tenga el pecho de acero
a veces pareciera que muero
estando lejos de donde quiero volver.

Por eso espero tu regreso como un regalo,
mas no sé si debo o si acaso es algo malo.
Pero hasta entonces sólo me queda suspirar
cuando tantas veces no nos podemos besar.

Uno de esos sábados

Reflejo arquitectónicoNo hace falta que me digas qué debería esperar de ti.
Sigo aquí, igual que siempre, por mi propia voluntad.
Dicen que la suerte sonríe a los que se atreven,
pero no me fue muy bien eso de dejarme llevar.
Tal vez lo mejor sea pasar de todo por completo
y dejar de usar la memoria como motivo y razón,
dejar de recordar aquel tiempo en el que tú y yo
hacíamos lo que queríamos sin buscar justificación.

Lo cierto es que ahora ya no podemos recuperar
todo aquello que nos regalamos alguna vez.
Tuvimos buenos momentos, o eso me parecía,
porque ya no sé si fueron sinceros de verdad.
De las tardes y noches de todos aquellos sábados
cuando nos refugiábamos entre sábanas en mi cama.
Refugiados del frío en la calle, en nuestros corazones,
y del frío del hambre de cariño de nuestras almas.

Protegía la memoria, por si acaso la olvidabas,
de aquel primer sábado de finales de octubre.
No la olvidaba, para que tú la recordaras,
hasta que un día dejó de importar lo suficiente.
Como si fuera una tradición de nuestro calendario,
fue también un sábado cuando terminó aquel otoño,
cuando cayó muerta la última hoja de nuestro árbol
y en el jardín tan sólo quedó este áspero invierno.

Ahora en perspectiva, ¿es esto lo que esperabas?
Mirando atrás, ¿no te despierta ninguna emoción?
Muéstrame algo de verdad, algo que sientas hoy,
algo que pienses, para entender esta situación.
No sé, tal vez has madurado y yo sigo igual de infantil,
y esta amnesia selectiva te parece como la libertad,
o simplemente eres de ese tipo que miente por hablar
y nunca se atreve a decir un adiós que suponga un final.

Todo lo que se irá mañana

Amanecer desde el balcón IIEs de noche, ya tarde, y beso tu hombro.
Sí, no me lo digas, ya me lo imagino:
tienes que levantarte temprano mañana,
y sé que estás cansada, muy cansada.
Me gusta estar abrazado a tu lado,
tan sólo así, quiero acompañarte.
Sentir a mi lado tu cuerpo,
desde tu propio lado de la cama.

Sabes que no me hacen falta excusas,
que sólo hace falta uno para ser dos,
para transformar tu cuerpo en un templo
en el que poder rezar a nuestro dios.
Prometo que cuando hayamos terminado
te sentirás derrotada, pero mañana
cuando te despiertes tan temprano,
ya verás, te sentirás como nueva.

No soy un tío egoísta, o eso intento.
No molestar, poder sacar esta idea
de mi cabeza y de mi cuerpo,
pero esta noche no tengo sueño.
No me puedo dormir, no puedo contar ovejas,
no puedo esperar que la tele me duerma.
Leo un libro, pero las palabras se pierden.
Lo intento… Pero no lo intento de veras.

Me giro, no puedo dejar de mirarte.
Este corazón late desbocado,
y maldigo mi suerte de tenerte
y me siento morir, así que te beso.
Tus ojos me miran y sonríen
y yo sólo quiero mirarme en tu sonrisa.
¿Acaso es que tú también quieres?
¿Acaso es que me he equivocado?

Recuerdo un verso que escribí ayer
que decía algo parecido a lo que pienso,
algo como «tu cuerpo es lo que quiero»,
o «tú eres todo lo que quiero tener».
Da igual, todo lo que no recuerdo,
ahora mismo, no tiene importancia.
Sólo quiero aprovechar el tiempo
hasta que te vayas temprano mañana.