Gtalk en Gmail

Gmail + GtalkLos chicos de Google están que no paran y la última ha sido implementar el Gtalk dentro de la propia bandeja de entrada de Gmail de manera que puedes chatear desde tu navegador con tus contactos sin necesidad de instalar ningún programa. Está claro que la funcionalidad está muchísimo más limitada que si usases su programa de mensajería pero no cabe duda de que la idea está bastante original. Una estrategia para ir ganando terreno a otros clientes de IM.

Me enteré hace unos minutos cuando fui a entrar a mi cuenta de Gmail.

Error 404 wow!

404Ahora sí que tengo una página para los errores 404 que vale la pena, con posts "posiblemente" relacionados y de todo. Lo único que echo de menos es que los posts no se presentan con los resúmenes de los posts, pero qué le vamos a hacer. Antes es que salía una página y nada más, no daba opción a los usuarios a buscar los posts que puede que tengan un tema relacionado al intencionado. Una prueba aquí.

Todo gracias a este plugin.

Aprende a suicidarte (y IV)

Continuamos con la serie de historias sobre el suicidio.

Miraba aquella noticia en el periódico con una mezcla de curiosidad y aprensión. Al parecer la policía forense no se explicaba el por qué de la bombona. La autopsia había revelado que la causa de la muerte fue la fractura cervical y la asfixia por la cuerda que se había atado al cuello. No había tenido tiempo de intoxicarse con el gas butano y la deflagración le había provocado daños postmortem. De no haber sido por el gas no había saltado por los aires la puerta matando en el acto a aquella adolescente. Dobló el periódico a la mitad y comenzó a andar hacia el cuarto de baño.

Cuántas cosas había dejado pendientes, cuánto por experimentar y conocer, una lástima. Sin embargo, ella no tenía nada que la atase a aquella vida, no tenía hijos ni deudas y hacía muchos años que se había marchado de su casa. Desde entonces no había vuelto a hablar con su padre, y sabía que seguía vivo por los artículos que escribía en la revista. No quería volver a recordar aquel día, cuando lo encontró en casa con otra mujer en la cama que fue de su madre, muerta hacía dos años. Había mancillado su memoria acostándose con aquella furcia y ella jamás se lo perdonaría.

Estaba sola en el mundo, no tenía ningún amigo y muy pocos conocidos, y este sentimiento de soledad sólo conseguía reafirmar su decisión. No tenía trabajo, la herencia de su madre la mantenía en una vida de semilujo, y pasaba sus días ejercitándose en el gimnasio y cuidando su esbelta figura sólo como pasatiempo. Se miró en el espejo y éste le devolvió la imagen de una mujer muy bella pero de mirada triste y melancólica. Sabía que no había ninguna mujer de treinta años con un cuerpo tan perfecto, lo que conseguía que cualquier hombre o mujer se pusiese a sus pies. Sin embargo, esta posición de poder sobre los demás tan sólo acrecentaba el desprecio que sentía por su vida vacía y sin rumbo.

Comenzó a desnudarse pero de pronto se detuvo, no quería que los que llegasen a buscarla disfrutaran gratuitamente su cuerpo, así que se metió en la bañera llena de agua caliente con el tanga y el sujetador aún puestos. Cogió el bote de las pastillas y se tomó un puñado acompañado de un martini que estaba demasiado caliente para su gusto. Cerró los ojos y dejó que el sueño la embargase.

Aprende a suicidarte (y III)

Este relato está basado en hechos reales, un suceso ocurrido hace ya bastantes años.

garajeMientras tanto, en el otro lado de La Laguna, un hombre ya cansado de vivir y aguantar a su mujer, a sus hijos y su trabajo decide suicidarse en el garaje de su casa. Lo tiene todo preparado: una cuerda atada a la viga del techo con el nudo listo, una silla colocada debajo para poder subirse en ella, una bombona de butano [C3H6] de 14 litros con la boca trucada para que expulse rápidamente el gas y el coche aparcado en la calle para tener espacio.

De pronto se escucha una explosión, como si un obús hubiese caído del cielo silenciosamente y hubiese explotado a traición. Confusión, miedo, incertidumbre. «¿Habrá sido Bush que ha comenzado la guerra contra nosotros?» piensa la señora que vive en la casa de al lado mientras comprueba que la pared de su casa se ha resquebrajado por dentro, está llena de grietas. «¿Qué demonios ha pasado en la casa del vecino?«

Cuando sale a la calle se encuentra una escena de lo más extraña porque la puerta del garaje, con la pintura chamuscada, está en la otra acera con los hierros retorcidos. Se asoma para poder escrutar el interior del garaje y su mirada pasa de la bombona reventada a la pared ennegrecida, luego se fija en un trozo de cuerda humeante que cuelga del techo con el extremo deshilachado, luego a la pared que comparte su casa con la del vecino y observa que hay una forma blanca y alargada impresa contra el fondo negro, pero nada de esto la podía haber precavido sobre lo que yace en el suelo…

Un grito desaforado resuena en el interior del garaje, y comienza a andar hacia atrás presa de un ataque de nervios, tembando desde la cabeza a los pies. Allí está el hombre pero no es él, su piel parece madera chamuscada y por las grietas supura su propia grasa. Parece que está desnudo, pero simplemente su piel se ha pegado a sus ropas y forman un único envoltorio. Y algo le rodea el cuello y cae sobre su pecho, seguramente el otro extremo de la cuerda.

Las ideas se le agolpan en la cabeza e intentan salir pero no pueden. Quiere correr pero parece que todo va a cámara lenta, quiere huir de aquel sitio. De pronto se tropieza y cae sobre la puerta del garaje, aún no se ha dado cuenta que continúa gritando hasta que poco a poco comienza a oír su propia voz a lo lejos. Se intenta levantar pero sus piernas no la pueden sostener y cae sobre el asfalto, sobre un charco de aceite de motor. Quiere dejar de mirar a lo que una vez fue su vecino pero sus ojos se niegan a responder, sus pupilas están clavadas en él.

Al fin consigue llevarse las manos a la cara y puede descansar de la espantosa visión cubriéndose los ojos con las manos sucias de aceite. Tiene que llamar al 112, a la Policía, a quien sea, pero lo tiene que hacer cuanto antes. No quiere volver a mirar allí, así que le da la espalda a la dantesca escena, abre los ojos y entonces comprueba que no era aceite.

Debajo de la puerta de hierro se asoma una mano, con un anillo en el dedo anular que le resulta tan familiar que comienza de nuevo a gritar. Ahí está su hija mayor.