Esa palabra

Mis helados y temblorosos dedos
se paseaban sobre letras inertes,
no en vano intentando ser fuertes
ante los embates del destino.

Ardieron como fuego los signos
llegando certeros los pensamientos
mientras las Parcas entonaban cantos
para urdir así el telar de mi camino.

Y así, de nuevo, a mi alma llegó el frío,
recordando viejas heridas ya cerradas
que junto al hielo se tornan dolorosas
como un asesino con taimado filo.

Ante malas compañías más vale solo,
pero el corazón sufre estar acorralado
y, aunque se defienda el terreno vedado,
siempre aparece el amor de algún modo.

Terrible palabra y sentimiento es el amor,
que hace tambalear al fuerte y al recio
mas doy fe, fui y soy enamorado necio,
sólo porque una mujer me dio su calor.

Autor: Abraham

Autor de Liberitas. Desde el 2004 escribiendo desvaríos

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