A Felicidade – Viní­cius de Moraes con Maria Creuza y Toquinho

Spoiler
Tristeza não tem fim
Felicidade sim…

A felicidade é como a pluma
Que o vento vai levando pelo ar
Voa tão leve
Mas tem a vida breve
Precisa que haja vento sem parar.

A felicidade do pobre parece
A grande ilusão do carnaval
A gente trabalha o ano inteiro
Por um momento de sonho
Pra fazer a fantasia
De rei, ou de pirata, ou jardineira
E tudo se acabar na quarta-feira.

Tristeza não tem fim
Felicidade sim…

A felicidade é como a gota
De orvalho numa pétala de flor
Brilha tranquila
Depois de leve oscila
E cai como uma lágrima de amor.

A minha felicidade está sonhando
Nos olhos de minha namorada
É como esta noite
Passando, passando
Em busca da madrugada
Falem baixo por favor…
Pra que ela acorde alegre como o dia
Oferecendo beijos de amor.

Tristeza não tem fim
Felicidade sim…

Preciosa canción de estos dos maestros de la música brasileña, tanto por la letra como por la música en sí­.

Magia

MagiaMicrorrelato a estas horas de la mañana.

Magia
Durante meses te devoré con pasión y locura, dejando correr libres sobre tu piel mis fantasí­as. Luego te conocí­, y entonces desapareció la magia.

No sé si sigue las reglas básicas de los microrrelatos pero corto sí que es. Lo que más interesa es que deja muchos cabos sueltos atando solamente los necesarios y dejando el resto para la libre interpretación.

Nuestra riqueza

LenguajeSomos canarios y somos ricos. Sí, como lo oye, somos ricos ligüísticamente hablando, ¿qué se imaginaba? Si fuese monetariamente rico no trabajaría, no señor. ¿Que por qué afirmo que somos ricos [lingüísticamente] los canarios? Muy fácil:

  • Entendemos palabras propias de nuestro idioma, el castellano, incluso algunas bastante rebuscadas.
  • Entendemos palabras procedentes de muchos países [toda Sudamérica o Portugal] por nuestros parientes que emigraron y que las trajeron consigo, o bien por emigrantes que han llegado a nuestras islas desde aquellas tierras.
  • Y lo más importante, tenemos palabras propias de nuestra lengua canaria, de origen guanche, nuestros ancestros.

¿Y a qué viene todo esto? Pues a una paciente que estoy tratando en el trabajo. Habla con palabras muy peculiares, algunas que sólo he oído a mis abuelos y que no se deberían olvidar. «Es que cuando hablo con usted noto que me entiende. Las chicas de aquí se quedan extrañadas por las cosas que digo, y hay veces que no saben qué les estoy diciendo» me dijo el otro día.

El origen del fallo

Un relato antes de acostarme para no perder la práctica.

Ouroboros

SpoilerSe escudaba en una coraza intentando defenderse del mundo exterior y en realidad no sabía que el enemigo habitaba dentro de ella. Su propia mente era la culpable, el origen de sus continuos fallos. No era especialmente guapa ni tampoco tenía un cuerpo de escándalo; más bien estaba dentro de la media y no sobresalía en absoluto. Sin embargo, tenía bastante éxito en cuanto a la seducción porque sus presas quedaban enganchabas misteriosamente sin razón aparente.

El problema residía en que ninguno le duraba lo suficiente, según ella porque todos los hombres eran una rama a extinguir de la historia de la evolución. Su conducta de ostracismo era su defensa y también la mayor causa de fracaso en sus relaciones. Igual que el Ouroboros, la serpiente que se devora su propia cola para sobrevivir, entró en un círculo de retroalimentación positiva en el que cada vez se volvía más rencorosa contra los hombres consiguiendo de esta manera recibir mayor daño por parte de ellos.

No quería cambiar, no iba a cambiar por nada ni por nadie, y es que no veía en el cambio la solución a sus problemas, o tal vez no quería ver la solución porque estaba convencida de la infalibilidad de su premisa de «todos los hombres son unos cabrones». Nunca se paró a pensar por qué siempre le pasaba lo mismo, igual que el conductor despistado que ve a todos los coches en la dirección contraria y no se le ocurre pensar que él es el que va en dirección contraria y no los demás.

Estaba condenada a ser desdichada durante el resto de su vida para, con un poco de suerte, vivir amargada por el rencor y la soledad. Sin duda estaba destinada a sufrir desengaños durante el tiempo que tardase en darse cuenta de sus propios errores y ponerles remedio, tal vez toda su vida.

Hace poco la vi paseando y por primera vez sus ojos reflejaban felicidad, algo que hacía tiempo que ansiaba. Imagino que este cambio tan notable estaba propiciado por la persona que iba a su lado, igual de feliz que ella. Parece que al final encontró el origen del fallo y tenía razón en que todos los hombres eran unos cabrones, al menos con ella. Tiempo después me enteré de que su pareja se llamaba Sandra y era unos años menor que ella.

João Linguaferro

Otra historia que se me ocurrió así de pronto sólo porque escuché en la radio algo sobre alguien apellidado Ferro. Entonces hice una relación entre Ferro y algo de hierro y me imaginé alguien con la lengua de hierro, que siempre decía lo que pensaba. A partir de ahí todo salió de la improvisación.

RestJoão era un señor de piel oscura, requemada por el sol, que le hacía aparentar más de los cincuenta años que cargaba a su espalda. Nunca fue muy amigo de nadie tal vez porque siempre decía lo que pensaba sin importarle las consecuencias. Después de todo, su apellido tenía mucho que ver con su forma de ser. Las causas de su comportamiento eran atribuidas por algunos a una indiferencia total por las personas mientras que otros bajaraban la posibilidad de que estuviese loco.

Ni los unos ni los otros acertaban, ya que sólo a mí me confesó la verdad. Lo conocí la misma tarde que llegué a aquel pueblecito olvidado de la mano de dios en el bar cercano a mi apartamento. Escuché un disparo y salí corriendo para ver qué sucedía, por si había algún herido y sí que lo había.

Sobre el entarimado yacía él con su piel arrugada cubierta con sangre que manaba de su pecho. Al parecer un comentario de los suyos había molestado más que de costumbre y como respuesta había recibido un balazo.
-¡Pues sí que tengo que estar jodido si ya está aquí el enterrador!-dijo tosiendo sangre por la boca.

Me quedé paralizado a poca distancia de él por las palabras que me había dedicado, así que supuse que le habían hablado sobre mí y mi trabajo. Me repuse y me acerqué a él para intentar ayudarlo mientras todos los demás se alejaban o bien se giraban hacia otra parte, tal era la simpatía que proferían por el pobre viejo moribundo. Entonces João me agarró por el cuello y me dijo aquellas palabras al oído entre los estertores:

-Nunca quise que me apreciaran. Así nadie sentiría la muerte de este viejo…

Y allí murió, en el suelo del bar atendido por la única persona que asistió a su entierro. Por las tardes, cuando las últimas luces despuntan en el horizonte, me suelo sentar al lado de su tumba a charlar con él, porque sé con certeza que es la única persona sincera que conozco.