Símiles

La soledad de la paredHay quien dice que el amor es como un parásito que se introduce en tu interior y que se alimenta de tus emociones para hacerse cada vez más y más grande y ocupar la mayor parte de tu espacio reservado para los sentimientos. Como en toda relación de parasitismo, el parásito siempre conseguirá mayor beneficio de la relación que el hospedador que, de hecho, se verá perjudicado por él. Existen casos en los que dos personas son hospedadores del mismo parásito, aunque no es extraño observar parásitos que se introducen en un único hospedador. Si alguna vez el amor abandone el cuerpo del individuo, éste tendrá que vivir con las secuelas derivadas de la interacción. Hay personas que no llegan a recuperarse nunca de un amor y hay otras que, una vez superado el proceso de recuperación, vuelven a ser atacadas de nuevo por este parásito en una especie de ciclo retroalimentado.

También hay quien sostiene que el amor es un agente patógeno del que no se conoce con certeza el modo de transmisión. Es más, no se ha llegado a aislar nunca en laboratorio ni se ha podido observar directamente, simplemente se conocen los síntomas derivados de su contagio al igual que una enfermedad. La hipótesis es que, de manera similar a un virus, provoca una modificación del medio intracelular de manera que altera la actividad cognitiva normal del individuo. Al igual que ocurre con la teoría del parasitismo, la infección puede ser individual o puede involucrar a más personas, aunque lo normal es que sean dos. Si la infección desaparece del cuerpo de la persona, se producen secuelas muy parecidas a las del parasitismo.

Sea como fuere, el amor es tan complejo que intentar definirlo o analizarlo es una tarea muy difícil. La cuestión es que como un símil del fuego, se alimenta y usa como combustible cualquier cosa inimaginable y cuando se extinguen las llamas, tan sólo quedan cenizas de lo que una vez fue a modo de vestigio de la destrucción causada.

El amor, cuando se disfruta es maravilloso, pero cuando se sufre es lo más horrible que existe, y cuando se desvanece deja heridas que son difíciles de curar.

Autor: Abraham

Autor de Liberitas. Desde el 2004 escribiendo desvaríos

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