Pensamiento del día

En realidad, el vaso siempre está lleno, nunca vacío.

Piensa que hoy eres lo más viejo que has sido en tu vida y lo más joven que jamás podrás volver a ser.

Contrariamente a lo que dice la creencia popular, el sueño perdido nunca se recupera; si un día duermes poco y al siguiente duermes mucho más esto se debe principalmente al cansancio.

Pensamiento del día

El verdadero amor no miente.

Hay sentimientos que, cuando no son recíprocos, pueden hacernos mucho daño.

Hay quien anda por la vida en una ferviente lucha tomando cada palabra y cada acción como si de un ataque directo se tratase; en realidad, estar a la defensiva por sistema debe ser muy agotador.

Desde la estepa

Muchas veces ha estado usted muy cansado de la vida; usted se afanaba por salir de aquí, ¿no es verdad? Anhelaba abandonar este tiempo, este mundo, esta realidad, y entrar en otra realidad más adecuada a usted, en un mundo sin tiempo. Hágalo usted, querido amigo, yo le invito a ello. Usted sabe muy bien dónde se oculta ese otro mundo, y que lo que usted busca es el mundo de su propia alma. Únicamente dentro de su mismo interior vive aquella otra realidad por la que usted suspira. Yo no puedo darle nada que no exista ya dentro de usted. Yo no puedo presentarle ninguna otra galería de cuadros que la de su alma. No puedo dar a usted nada: sólo la ocasión, el impulso, la clave. Yo he de ayudar a hacer visible su propio mundo; esto es todo.

Hermann Hesse. El lobo estepario

Pensamiento del día

Nosotros guardamos secretos pero los secretos son los que guardan nuestra individualidad.

Lo que no te mata te hace desear estar muerto. Lo que no te mata te hace dar un salto al más mínimo ruido. Lo que no te mata te convierte en una persona con la que es imposible convivir. Lo que no te mata te hace esconderte y vivir en las sombras donde nadie puede verte.

Demasiado a menudo perdemos de vista los pequeños detalles que dan placer a la vida. Recuerda, cuando alguien te hace enfadar hacen falta cuarenta y dos músculos para fruncir el ceño pero tan sólo hacen falta menos de la mitad para extender tu brazo y abofetear a esa persona con el dorso de tu mano.

Pensamiento del día

Hay que tener corazón y cerebro, pero también hace falta valor para llevar a cabo las decisiones de ambos.

En estas Navidades más de una persona debería haber pedido a los Reyes Magos nuevas prioridades para su vida.

A veces resulta increíble comprobar cómo los más pequeños detalles son capaces de desequilibrar la balanza hacia un lado u otro.

Desde la estepa

Sabía muy poco de esta clase de criaturas y de vidas; sólo en el teatro había encontrado antes alguna vez existencias semejantes, hombres y mujeres, semiartistas, semimundanos. Ahora por vez primera miraba yo un poco en estas vidas extrañas, inocentes de una manera rara y de un modo raro pervertidas. Estas muchachas, pobres la mayor parte por su casa, demasiado inteligentes y demasiado bellas para estar toda su vida entregadas a cualquier ocupación mal pagada y sin alegría, vivían todas ellas unas veces de trabajos ocasionales, otras de sus gracias y de su amabilidad. En ocasiones se pasaban un par de meses tras una máquina de escribir, alguna temporada eran las entretenidas de hombres de mundo con dinero, recibían propinas y regalos, a veces vivían con abrigos de pieles en hoteles lujosos y con autos, en otras épocas en buhardillas, y para el matrimonio podía alguna vez ganárselas por medio de algún gran ofrecimiento, pero en general no llevaban esa idea. Algunas de ellas no ponían en el amor grandes afanes y sólo daban sus favores de mala gana y regateando el elevado precio. Otras, y a ellas pertenecía María, estaban extraordinariamente dotadas para lo erótico y necesitadas de cariño, la mayoría experimentadas también en el trato con los dos sexos; vivían exclusivamente para el amor, y al lado del amigo oficial, que pagaba, sostenían florecientes aún otras relaciones amorosas. Afanosas y ocupadas, llenas de preocupaciones y al mismo tiempo ligeras, inteligentes y a la vez inconscientes, vivían estas mariposas su vida tan pueril como refinada, con independencia, no en venta para cualquiera, esperando lo suyo de la suerte y del buen tiempo, enamoradas de la vida, y, sin embargo, mucho menos apegadas a ella que los burgueses, dispuestas siempre a seguir a su castillo a un príncipe de hadas y ciertas siempre de manera semiconsciente de un fin triste y difícil.

Hermann Hesse. El lobo estepario