Memòries de viatge

Confieso que he tenido que usar el traductor castellano-catalán para poder escribir correctamente el título de esta historia, pero qué le vamos a hacer si no sé dónde van las tildes en ese idioma

Estoy más que conforme con el balance de este último trayecto del viaje ya que a pesar de los contratiempos y demás percances el resultado ha sido notablemente satisfactorio. El comienzo del final ha estado marcado por una nueva aparición de mi queilitis pero con paciencia y el tratamiento adecuado esa molestia en los labios ha acabado por desaparecer, afortunadamente.

¿Alguna vez te ha asaltado una sensación de cansancio tal que sientes un enorme lastre en el corazón y el alma? ¿Alguna vez has escuchado a esa vocecilla, esa que suele hablarte desde el rincón más profundo y oscuro de tu mente, gritar a pleno pulmón «no tiene sentido seguir con esto»?

Si te sucede, haz caso a tu conciencia y corta los hilos atados a ese peso que evita que puedas volar hacia el cielo. Quizás brote sangre de ellos, tu propia sangre, pero será una herida que sanará por sí misma con el tiempo y un ganchito, como dice la canción.

No hay nada más allá, tan sólo la simple, brutal e impertérrita ley causa-efecto. Acaba con las incertidumbres que pueblan tu vida, enfréntate a la realidad, la verdad te hará libre.

Yo lo he hecho y aquí estoy, mejor que peor, que no es poco. He regresado de una travesía que ha sido uno y más viajes, que quizás han durado muy poco, o quizás han durado demasiado, porque no sé cuánto tiempo hace que los he iniciado pero sí sé cuándo han concluido.

Regresar a casa no siempre es sinónimo de descanso porque al menos en mi caso no es más que el inicio de nuevos planes de viaje, que puede que se queden sobre el papel de la mente o escritos en piedra, o quizás comiencen tarde o temprano.

Al menos sé que no estoy muerto, porque aún amo la vida.

Consumismo

Actualmente las relaciones interpersonales tienen una tasa de fracaso muy alta debido a que el consumismo imperante se ha implantado tan profundamente en nosotros y nuestra forma de vida que ni tan siquiera podemos deshacernos de su influencia en este aspecto.

El amor, el cariño y hasta la simple atracción sexual se ven condicionados de tal manera que nunca estaremos mínimamente conformes con lo que ya poseemos y estaremos permanentemente intentando encontrar algo o alguien que nos satisfaga en mayor medida.

En nuestra búsqueda de la utópica felicidad no hallaremos más que tristeza salpicada de pequeños momentos de alegría. Por el camino nos desharemos y seremos desechados, utilizaremos y nos utilizarán, pero ante todo sufriremos y haremos sufrir.

Tan sólo debemos recordar algunas frases tan manidas como «trata a los demás como desearías ser tratado» o aquella otra que dice «no es más feliz aquel que más tiene sino el que menos necesita».

Más altruismo, más empatía, más sonrisas y menos maquillaje.

Pensamiento del día

Otra vez con la dichosa queilitis.

¡Mal limpiado cuerpo para los bichos!

Recuerdo la sensación indescriptible que sobreviene al levantar la vista hacia el cielo estrellado y hablar en silencio con los astros mientras el Teide observa la situación desde su altura.

El cine, ese gran ladrón

Acabo de terminar de ver una película cuyo nombre no voy a decir y me reservaré su crítica para más adelante. Para dar alguna pista, es una película española pero de habla inglesa, estrenada hace más de cinco meses, pero qué le voy a hacer si me gusta ver las películas en versión original y en alta definición en mi casa, sin que me roben por poder visualizarlas mientras disfruto de la comida y la bebida que más me plazcan.

Las empresas que explotan salas de cine son peores que una banda organizada de ladrones.

Es así, el cine es un robo tanto por el precio que cuesta la entrada como por el precio de los productos añadidos que puedes comprar o no, claro está. Bueno, habrá quien pueda decir que existe el día del espectador con sesiones más baratas, descuento de estudiantes y jubilados… Da igual, todo esto es una estrategia para provocarnos una falsa sensación de chollo y de ahorro.

Hubo una época en la que me dediqué a ir al cine los domingos en sesión matinal, para aprovechar la poca afluencia de gente y el descuento en el precio de la entrada pero claro, si quieres ver una película en 3D tienes que pagar un extra de 3€ de impuesto revolucionario por el alquiler de las gafas especiales para tal fin. Sobra decir que son un armatoste que hace las delicias de cualquier gafapasta, lo que ocurre es que si llevas gafas de vista como es mi caso se convierten, aún más si cabe, en un instrumento de tortura para la nariz y las orejas.

El tema de las cotufas [también conocidas como roscas o palomitas de maíz] es de problema de matemáticas de segundo curso de primaria, de esos en los que tenías que hacer reglas de tres directamente proporcionales. Siempre se me dieron bien las matemáticas y gracias a ellas sé que comprarlas en el cine es una estafa. Resulta que un paquete mediano de la tienda del cine sale al cambio lo que dos paquetes y medio de cotufas listas para preparar en tu casa, con aceite de oliva y sal al gusto, oiga. Por cierto, para aquellos que no lo sepan, las cotufas en mi casa se hacían [cuando era pequeño] y se siguen haciendo con un caldero, aceite y millo de cotufas [también conocido como maíz para palomitas], algo así como la versión analógica 1.0 de las cotufas para microondas. Sí, he probado las cotufas para microondas y puedo decir que son una mierda versión de menor calidad de las tradicionales, las verdaderas, las de toda la vida.

Además que la cantidad de sal que le meten dentro a esa bazofia responde a una sucia estrategia bien preparada: la de provocar una sed espantosa que te obligue a comprar algo líquido que te pueda refrescar el gaznate, ya sea durante la publicidad del principio, a mitad de la película o ya cuando haya finalizado. El problema viene cuando eres uno de esos que una vez empieza la película no te gusta levantarte ni para ir al baño, así que te pasas lo que falta de película maldiciendo la deshidratación que sufres.

En cuanto al refresco también podemos usar las matemáticas para saber que es un robo al bolsillo y a la razón. Con lo que cuesta un refresco pequeño puedes comprar una botella de dos litros del mismo refresco y tienes la certeza que su contenido es refresco de verdad y no tres cuartas partes de hielo por una parte de refresco rebajado con quién sabe qué clase de líquido. Cuando compramos el refresco transcurre más o menos un minuto hasta que le damos el primer sorbo por la cañita [también conocida como pajita], pero cuando ha pasado media hora desde el comienzo de la película parece que estemos bebiendo algo completamente distinto a lo que probamos en primera instancia, algo así como agua con aroma del refresco original. ¿Pero por qué? Efectivamente, el hielo se ha ido derritiendo [lo que se denomina científicamente como fusión] y ha empezado a formar parte del líquido que estamos tomando. ¡Qué rico y sabroso!

Bueno, el tema de la publicidad al comienzo de la película es para llevarlo al Defensor del Consumidor. Llegará un día en el que dure más que la propia proyección o que incluso el cine se vuelva una televisión con anuncios cada quince minutos. Claro, en tu pantalla de plasma de cincuenta pulgadas puedes hacer zapping y elegir entre los doscientos canales que tienes disponibles, pero en el cine tienes que tragarte toda esa basura y sin poder moverte del asiento, porque en tu casa puedes aprovechar para ir al baño a hacer tus cositas, pero en el cine no. Si es lo que te digo, un instrumento perfecto de condicionamiento. Espero que esto no lo lea cualquier desalmado responsable de marketing y le pueda dar alguna idea.

Que conste que hay ocasiones en las que estoy dispuesto a ir al cine pero esto sólo ocurre en casos excepcionales, cuando voy en compañía o cuando la película lo merece. No voy a ser yo el que lleve al cine a la bancarrota, la industria del consumismo me perdone. Hay películas para las que no compensa en absoluto el dinero que gastas en verlas en el cine, esas películas que están bien para ver en tu casa un sábado o un domingo con aburrimiento, sin saber qué hacer para entretenerte. Piensa que estás ahí sentado, intentando encontrar alguna cotufa en tu paquete de sal, con tus gafas 3D cortándote la circulación mientras se gangrenan tu nariz y tus orejas, sorbiendo un líquido que a pesar de intentar convencerte a ti mismo de que es refresco tus papilas gustativas lo niegan a gritos, y esperando a que termine el bombardeo de publicidad que te hacen tragar sí o sí. Cuando por fin comienza la película empiezas a darte cuenta que no has invertido bien tu dinero, pero como ya que has pagado pues haces de tripas corazón y sigues ahí sentado hasta que termina, en un auténtico alarde de orgullo.

Yo, mientras tanto, estoy en mi casa tirado en mi sofá en ropa interior muy cómodo, tomándome una cerveza bien fresquita con una pizza cuatro quesos y con la posibilidad de pausar la película para ir a la nevera y sacar otra cerveza cuando se me acabe la primera. Y si no me gusta, siempre puedo detenerla, borrarla y ver otra por el mismo precio.

Princesas de media noche

Hablando con mi conciencia, mientras tomábamos una cerveza, me ha soltado una de sus perlas y me veo en la obligación de compartir su sabiduría.

Hoy he visto por primera vez un grupo en Feisbuc [Facebook para los angloparlantes] cuyo nombre me ha inquietado en sobremanera:

«Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres»

Pero chiquilla, ¿no te das cuenta que no es culpa de Disney? La culpa la tienes tú por pensar que eres una princesa cuando en realidad no lo eres.

Qué cosas…

Desactivar el buzón de voz en Yoigo

yoigoBuzón de voz o contestador, da igual como lo llames, la cuestión es que prácticamente a nadie le gusta llamar por teléfono y que te cobren la llamada porque salta el dichoso contestador. Hasta ahora no sabía que mi teléfono Yoigo tenía ese servicio activado por defecto así que, al igual que hice con Movistar, le pedí a San Google que me diese una solución. En la página web de Yoigo para tal menester hay una explicación bastante extensa sobre el servicio de desvío de llamadas…

Tonterías.

Lo primero que debes tener en cuenta es que en el servicio de desvío de llamadas están incluidos el servicio de aviso de llamadas perdidas y el servicio de contestador, así que tienes que elegir si quieres desactivar todos los servicios o sólo el contestador.

  1. Si quieres desactivar el contestador y mantener el aviso de llamadas perdidas (lo más recomendable):
    • Cuando comunicas o estás ocupado marca *67*556#.
    • Cuando comunicas o estás ocupado marca *62*556#.
    • Cuando no contestas: *61*556#, en este caso no te mandaremos un mensaje de texto ya que tu teléfono te mostrará directamente las llamadas perdidas que no hayas respondido.
  2. Si quieres desactivar completamente todos los servicios de desvío de llamadas (aviso de llamadas perdidas y contestador):
    • Cuando comunicas o estás ocupado marca #67#
    • Cuando estás fuera de cobertura o tienes el teléfono apagado: #62#
    • Cuando no contestas: #61#

Y ya está.