Felicidad y placer

Newton's Cradle

No puedo decir que el Facebook me resulte especialmente interesante porque ver fotos de la gente que conozco, leer sus comentarios y en ocasiones participar en ellos es una actividad un tanto tediosa, más parecida a merodear. Sin embargo, a menudo me paseo a menudo por las páginas de esa red social y me da por pensar en distintos temas que me llevan a divagar. La cuestión es que recientemente ha surgido cierto debate porque una de mis contactos ha lanzado la siguiente pregunta al aire:

Si hago lo que debo, seré correcta; si hago lo que quiero, seré feliz. ¿Qué hago entonces?

Se encuentra en una situación curiosa y, a decir verdad, todos nos hemos visto envueltos en alguna encrucijada parecida. Querer, poder, deber… ¿Qué hacer? Al igual que en un problema de lógica, tenemos unos datos y debemos plantear una resolución. En su caso, en primer lugar evaluaría todas las opciones disponibles e incluso buscaría alternativas que en primera instancia no hubiese tenido en cuenta. Luego, con todas las cartas sobre la mesa y en función de las circunstancias que rodeen al problema en sí mismo, elegiría la respuesta más correcta entre aquellas que sean satisfactorias para mis intereses.

Pero claro, en la teoría parece mucho más sencillo de lo que es en realidad la práctica.

¿Quién es el juez que dicta sentencia sobre la corrección o ausencia de ella en una acción? Podríamos decir que uno mismo, en su fuero interno, es su propio juez y verdugo, lo cual es cierto, y también que toda acción tiene su reacción. Ahora bien, ¿qué es lo que se juzga, la acción o la reacción? Esa consecuencia tendrá efectos sobre uno mismo y, muy probablemente, sobre más individuos, que a su vez tendrán su propio juicio acerca de nuestra acción, lo cual dará como resultado una valoración y otra reacción. Es igual que una ficha de dominó que cae y empuja a la siguiente en una sucesión o un péndulo de Newton en el que la bola de un extremo hace que la del otro extremo se mueva.

¿Qué hace que una acción sea correcta o no? Esto depende en gran medida de la educación recibida, los valores inculcados por la familia, las condiciones sociales en las que el individuo se desarrolla, en resumen, la moral y la ética de cada uno. Esas son las caras del prisma a través del cual distinguimos aquello que es correcto de lo que no lo es. Aquí tenemos el primer elemento de discordia a la hora de elegir la forma de actuar.

Imaginemos una partida de billar en la que nuestra acción es golpear con el taco a la bola blanca que, como consecuencia, se desplaza por el tapete de la mesa sin llegar a contactar con otra bola. Como jugadores debemos saber que nuestra acción no ha sido correcta pues hemos malgastado una jugada y hemos regalado dos tiros a nuestro oponente que, también considera que nuestra jugada no ha sido correcta pero, al contrario que para nosotros, para él sí es satisfactoria para sus intereses.

Ahora bien, imaginemos el caso de que un adolescente que desea salir de fiesta un jueves por la noche pero sus padres no se lo permiten porque al día siguiente debe asistir a clase. Si acata la orden de sus progenitores, que va en contra de sus intereses, estará haciendo lo correcto mientras que satisfará a la vez los deseos de sus padres.

En base a esto, podríamos afirmar que cualquier acción, correcta o no, puede tener distinta valoración en función de los intereses de quién la interprete. Así, entra en juego el placer, que no es más que la comparación de las distintas variables presentes en un elemento dado, sea material o no, con las variables que nosotros mismos consideramos como satisfactorias. Si coinciden, nos producirá placer, mientras que si no es así, nos producirá desagrado, y este es el segundo factor disonante que interfiere en nuestra toma de decisiones.

Cuando hablamos de placer debemos saber que nos referimos a la activación de zonas específicas de nuestro cerebro, una respuesta automática y fisiológica de la parte más primitiva de este órgano ante un estímulo concreto pero, ¿el placer, la satisfacción de nuestros intereses, nos hace ser felices? En la mayor parte de los casos sí ocurre de esta manera. Ahora bien, ¿es lo mismo el placer que la felicidad, o viceversa? No, porque la felicidad es un sentimiento, un proceso mental superior, una interpretación de distintas emociones, entre las cuales se encuentra el placer, y que es llevada a cabo por la corteza cerebral.

Es por todo ello que en situaciones como esta es donde la inteligencia emocional y, sobre todo, la empatía, juegan un papel decisivo a la hora de tomar una decisión y llevarla a cabo.

Volviendo al tema de la pregunta de esta conocida, ha recibido bastantes respuestas, entre ellas la mía. Creo que he sido lo suficientemente asertivo y conciso a la hora de expresar mis pensamientos pero he podido comprobar que no me encuentro dentro de la tendencia general. No tengo idea si las respuestas de las demás personas están sesgadas por la proximidad afectiva o si realmente usan esa manera de actuar en su vida diaria. Sinceramente, si se trata de esto último me preocupa porque he podido extraer algunas perlas:

  • Hay que hacer lo que a uno le apetece hacer, no se debe tener en cuenta nada más.
  • Lo que te hace feliz es lo correcto, la opinión de los demás al respecto no importa.
  • Hay que ser egoísta y pensar en uno mismo, el altruismo es una anécdota.
  • Hay que ser feliz a toda costa, el fin justifica los medios.

La proporción ha sido mi opinión contra siete individuos que hacen apología del hedonismo más radical, y aunque sé que la población de estudio no es estadísticamente significativa me da mucho que pensar acerca de las motivaciones de la gente hoy en día y en nuestra sociedad. No es nada nuevo, la verdad, porque todos nosotros buscamos el placer propio aunque hay quien usa caminos un tanto cuestionables.

Pensamiento del día

Es normal que te sorprendas cuando encuentras a una persona a quien le gusta tu cuerpo y tu cerebro.

No importa cuánto duele la verdad sino cuánto puede llegar a doler la mentira.

El destino es para los perdedores. Es tan sólo una excusa estúpida para esperar a que las cosas sucedan en lugar de hacer que ocurran. – Blair Waldorf

Edición de vídeos

Vintage / retro / movie cameraHe publicado algunos vídeos en Youtube y los pocos que he editado yo mismo han sido por necesidad, como cuando escribo un post acerca de alguna canción que me gusta y no puedo encontrarla en ninguna página. En esos casos uso el programa más simplón que ha caído en mis manos, el Windows Live Movie Maker. Simplemente uso la carátula del disco, añado la pista de audio y lo exporto con calidad 1080p. En principio puede parecer una burrada pero los vídeos que consigo tienen muy buen audio y ocupan muy poco espacio en relación a la calidad, precisamente porque es una imagen estática y nada más.

En alguna ocasión he tenido que hacer una edición más seria de vídeo y en esos casos he usado un programa de la empresa Ulead, el Corel VideoStudio Pro X3 que actualicé recientemente. Cuando usaba la anterior versión, la X2, tenía problemas para editar vídeos en formato MP4 y pensaba que con esta nueva versión se habría solucionado este molesto impedimento pero cuál sería mi sorpresa cuando compruebo que sigue todo igual. Cada vez que intento llevar a cabo alguna tarea con alguno de esos vídeos el programa se bloquea y se cierra.

A decir verdad no sé si se trata de mis vídeos o del propio programa pero la cuestión es que he tenido que convertir los archivos a formato AVI. La primera vez lo hice online desde la página Media Convert, una solución perfecta cuando no quieres o no puedes instalar software en el ordenador en el que te encuentres porque simplemente subes el archivo y te lo descargas una vez transformado. La cuestión es que con la velocidad de subida de mi conexión se puede convertir en una tarea muy tediosa cuando los vídeos que uso ocupan unos cien megabytes de media. Como me corría algo de prisa estuve buscando distintas soluciones hasta que di con un programa gratuito y bastante sencillo de utilizar, el Any Video Converter.

Una vez convertidos los vídeos a formato AVI usando el códec Xvid, editarlos en el VideoStudio es coser y cantar.

Pensamiento del día

Cuando el cuento se convierte en pesadilla es entonces cuando tienes que tomar una decisión.

¿Llevar implantes metálicos te hace ser menos humano?

Si quieres que una noticia sea conocida en el menor tiempo posible tan sólo tienes que usar esta fórmula mágica: «es un secreto, no se lo cuentes a nadie». Rara vez falla.

La inflación de las golosinas

Hoy he tenido que pasar de nuevo por mi centro de salud para buscar el parte de baja para mi lesión, y no es que me desagrade despertarme temprano o recorrer el trayecto a pie con un calor de muerte. La cuestión es que por el camino me ha apetecido comerme un caramelo de eucalipto de aquellos que solía comprar mi tía abuela, antojos que le dan a uno, así que he entrado en un estanco para comprar un par de ellos.

-Hola, buenos días, ¿me puede dar diez caramelos de eucalipto?
-Por supuesto.
-¿Cuánto es?
-Cincuenta céntimos.

Me he quedado bloqueado durante medio segundo, el tiempo que he tardado aparecer en mi mente un flashback. De pronto recordé mi infancia, cuando iba al estanco que estaba al lado de la tienda de mi madre a comprar esos mismos caramelos de eucalipto. En aquellos tiempos todavía no había llegado el euro, así que don Paco, que era el dueño de la pequeña tiendecita, tenía que ponerse a contar uno a uno los caramelos hasta llegar a cien.

Para los que no lo sepan, un duro era el nombre coloquial de la moneda de cinco pesetas, y veinte duros era el nombre de la moneda de cien pesetas. Está claro que cada caramelo costaba en aquel entonces una peseta, pero veamos la explicación matemática de todo este asunto de la inflación.

Año 1996±2: 1 caramelo = 1 peseta = 0.006 euros = 0.6 céntimos

Año 2010: 1 caramelo = 5 céntimos = 0.05 euros = 8.3 pesetas

Inflación: 830%

Ahora me río yo de aquellos anuncios antes de la transición de la peseta al euro que decían que las cosas iban a seguir costando lo mismo. A ver, es normal que con el paso de los años los precios vayan aumentando, pero es que también lo deberían hacer los sueldos a la par y no creo que a nadie se le haya aumentado su sueldo en la misma proporción. ¿Qué es lo que ocurrió en aquel cambio de moneda? Pues que el ciudadano andaba medio perdido, no tendría capacidad mental para hacer una regla de tres simple directa y llegaría a la absurda conclusión de que un euro eran más o menos lo mismo que cien pesetas. Por otra parte, los comerciantes vieron la oportunidad de oro para aumentar su margen de beneficios aprovechando la ignorancia del pueblo y aquí estamos hoy en día.

Bueno, la cuestión es que pagué los dichosos cincuenta céntimos por diez caramelos de eucalipto y me marché del estanco con la sensación de haber sido estafado vilmente.

Pensamiento del día

En ocasiones aquellas personas que nos ofrecían amor se convierten en algo completamente distinto.

Algunas veces actúo antes de pensar y otras veces pienso tanto que cuando voy a actuar ya se ha escapado la oportunidad.

Caer en el hedonismo conlleva cierto peligro ya que basar la felicidad en la búsqueda del placer trae consigo una mayor probabilidad de desengaños, desilusiones e insatisfacciones.