El origen del fallo

Un relato antes de acostarme para no perder la práctica.

Ouroboros

SpoilerSe escudaba en una coraza intentando defenderse del mundo exterior y en realidad no sabía que el enemigo habitaba dentro de ella. Su propia mente era la culpable, el origen de sus continuos fallos. No era especialmente guapa ni tampoco tenía un cuerpo de escándalo; más bien estaba dentro de la media y no sobresalía en absoluto. Sin embargo, tenía bastante éxito en cuanto a la seducción porque sus presas quedaban enganchabas misteriosamente sin razón aparente.

El problema residía en que ninguno le duraba lo suficiente, según ella porque todos los hombres eran una rama a extinguir de la historia de la evolución. Su conducta de ostracismo era su defensa y también la mayor causa de fracaso en sus relaciones. Igual que el Ouroboros, la serpiente que se devora su propia cola para sobrevivir, entró en un círculo de retroalimentación positiva en el que cada vez se volvía más rencorosa contra los hombres consiguiendo de esta manera recibir mayor daño por parte de ellos.

No quería cambiar, no iba a cambiar por nada ni por nadie, y es que no veía en el cambio la solución a sus problemas, o tal vez no quería ver la solución porque estaba convencida de la infalibilidad de su premisa de «todos los hombres son unos cabrones». Nunca se paró a pensar por qué siempre le pasaba lo mismo, igual que el conductor despistado que ve a todos los coches en la dirección contraria y no se le ocurre pensar que él es el que va en dirección contraria y no los demás.

Estaba condenada a ser desdichada durante el resto de su vida para, con un poco de suerte, vivir amargada por el rencor y la soledad. Sin duda estaba destinada a sufrir desengaños durante el tiempo que tardase en darse cuenta de sus propios errores y ponerles remedio, tal vez toda su vida.

Hace poco la vi paseando y por primera vez sus ojos reflejaban felicidad, algo que hacía tiempo que ansiaba. Imagino que este cambio tan notable estaba propiciado por la persona que iba a su lado, igual de feliz que ella. Parece que al final encontró el origen del fallo y tenía razón en que todos los hombres eran unos cabrones, al menos con ella. Tiempo después me enteré de que su pareja se llamaba Sandra y era unos años menor que ella.

Mitos mosquiteros

MosquitoEsto me pasa por dejar la ventana abierta y no poner la cortina delante… Uno o dos mosquitos han entrado en la habitación y me tienen frito, los muy cabrones. Antes maté uno de un manotazo pero creo que hay más por ahí esperando a cogerme desprevenido. Son tan buenos los jodidos que saben dónde picar, en los capilares y en justo en la zona de la piel que se encuentra entre dos receptores sensitivos [nociceptores imagino]. Por eso no te enteras cuando están trabajando a no ser que se posen sobre alguna zona con vello o pasen con el típico ruido al lado de tu oreja.

No se crean esas leyendas populares acerca de estos chupópteros. No señores, los mosquitos no van al calor ni van a la sangre dulce ni nada de eso. Son unos pequeños vampiros hijos de puta, miopes casi cegatos para más señas, y que se guían por las emanaciones de `CO_2` [dióxido de carbono] de los seres vivos.

João Linguaferro

Otra historia que se me ocurrió así de pronto sólo porque escuché en la radio algo sobre alguien apellidado Ferro. Entonces hice una relación entre Ferro y algo de hierro y me imaginé alguien con la lengua de hierro, que siempre decía lo que pensaba. A partir de ahí todo salió de la improvisación.

RestJoão era un señor de piel oscura, requemada por el sol, que le hacía aparentar más de los cincuenta años que cargaba a su espalda. Nunca fue muy amigo de nadie tal vez porque siempre decía lo que pensaba sin importarle las consecuencias. Después de todo, su apellido tenía mucho que ver con su forma de ser. Las causas de su comportamiento eran atribuidas por algunos a una indiferencia total por las personas mientras que otros bajaraban la posibilidad de que estuviese loco.

Ni los unos ni los otros acertaban, ya que sólo a mí me confesó la verdad. Lo conocí la misma tarde que llegué a aquel pueblecito olvidado de la mano de dios en el bar cercano a mi apartamento. Escuché un disparo y salí corriendo para ver qué sucedía, por si había algún herido y sí que lo había.

Sobre el entarimado yacía él con su piel arrugada cubierta con sangre que manaba de su pecho. Al parecer un comentario de los suyos había molestado más que de costumbre y como respuesta había recibido un balazo.
-¡Pues sí que tengo que estar jodido si ya está aquí el enterrador!-dijo tosiendo sangre por la boca.

Me quedé paralizado a poca distancia de él por las palabras que me había dedicado, así que supuse que le habían hablado sobre mí y mi trabajo. Me repuse y me acerqué a él para intentar ayudarlo mientras todos los demás se alejaban o bien se giraban hacia otra parte, tal era la simpatía que proferían por el pobre viejo moribundo. Entonces João me agarró por el cuello y me dijo aquellas palabras al oído entre los estertores:

-Nunca quise que me apreciaran. Así nadie sentiría la muerte de este viejo…

Y allí murió, en el suelo del bar atendido por la única persona que asistió a su entierro. Por las tardes, cuando las últimas luces despuntan en el horizonte, me suelo sentar al lado de su tumba a charlar con él, porque sé con certeza que es la única persona sincera que conozco.

Virtualidad real

Una historia que se me ocurrió así de pronto y como hace tiempo que no escribo nada creativo pues tenía que aprovechar el tirón.

FantasyOcadia y Halbort al fin veían consumados sus más fervorosos deseos y yacían exhaustos en el lecho de sábanas rojas. Hablaban calladamente mirándose a los ojos en silencio, disfrutando de la merecida paz después de haber derrotado al malvado Arcipreste que había asesinado al rey y se había proclamado señor del reino. Ahora eran ellos dos reina y rey legítimos después de la suntuosa boda cuyas celebraciones durarían una semana.Todavía no podían creer que la paz hubiese vuelto al reino, y a tenor de los acontecimientos iba a durar muchos años.

Al fin, vencidos por el cansancio se abandonaron al reino de los sueños abrazados el uno al otro. Después de mucho tiempo Halbort lograba conciliar un sueño pacífico sin funestas visiones de asesinatos y destrucción pero algo en él se agitó intranquilo, haciéndole sentir un gran vacío como ya había sentido anteriormente, durante el reinado del Arcipreste.

Se despertó bañado en sudor y descubrió que su esposa no se encontraba a su lado. Nervioso la buscó en todos los rincones de los aposentos reales hasta que encontró en la balconada una nota sujeta a la madera con una flecha de plumas negras. Arrancó la nota con una mezcla de ira y temor sólo para comprobar su terrible corazonada: su esposa había sido raptada por Rahs-a-gul, lugarteniente del Arcipreste.

En alquel momento un desgarrador grito despertó a todo el palacio y procedía de los aposentos reales…

[…]

Eran las diez de la mañana mientras sonaba el tono de llamada en el auricular del teléfono hasta que alguien respondió al otro lado de la línea.

-¿Sí? ¿Quién es?

-Buenos días Frank, ¿qué tal está tu secretaria Cindy?

-¿Josh? ¿Hola tío, cómo está mi guionista favorito?

-Bien, bien, no me quejo…

-¡El videojuego está siendo un bombazo, hace una semana que lo sacamos al mercado y ya está batiendo todos los récords!

-Ya, ya, estoy al corriente y mi cuenta bancaria también. Oye, tengo una idea para la segunda parte de «El destino de Ocadia»…