Todos tenemos sueños, algunos más fáciles de conseguir que otros.
Nada es tan fácil o tan difícil como parece en un principio.
Algunas tareas son realmente fáciles; lo difícil es conseguir hacerlas bien a la primera.
Las ideas son muy escurridizas, en cuanto encuentran una rendija por la que pasar son muy difíciles de detener.
Cualquier cosa puede tener una valoración dual, lo que ocurre es que en ciertas ocasiones es difícil mirar desde otro punto de vista.
Nada ni nadie te puede gustar por lo que fue en un momento del pasado o lo que podría llegar a ser en el futuro; a la hora de tomar una decisión como esa el presente es lo verdaderamente importante.
Al igual que los imanes, cualquier cosa siempre tendrá su lado positivo y negativo.
¿De qué sirve tener dinero si sólo lo usas para ahorrarlo y no para disfrutar con él de vez en cuando?
Es posible que el hecho de dejarse llevar nos ofrezca más satisfacciones a corto plazo pero no estoy demasiado seguro de que ocurra lo mismo a largo plazo.
Anoche, fruto de una conversación casual, surgió una idea que me pareció interesante.
La única forma
en la que podría estar tranquilo es
descansando mi cabeza sobre tu pecho
y escuchar el susurro de tu respiración sobre mí;
preguntarte entonces si me quieres
y que tu voz y tu corazón
me respondieran al unísono un sí sincero.
Sólo podría estar tranquilo
de esa manera.
«Calmaria» en portugués significa calma, tranquilidad.