Duda pornográfica

innuendo¿Las actrices porno pueden tener novio? ¿Cómo podrías estar con una mujer que es follada sistemáticamente por todos los orificios de su cuerpo? ¿Qué queda para tí? Ah, claro, sólo vosotros dos compartís el amor. Las dilataciones anales y las eyaculaciones en su cara son elementos comunes a todo el mundo, tanto para los actores [sus compañeros de «trabajo»] como para todos los que se masturban con ella a lo largo y ancho del globo terráqueo. Mejor no entramos en el aspecto de las enfermedades…

Mirror

Take a look at yourself in the mirror. If you don’t like what you see is not mirror’s fault.

Sus pechos

Relato acerca de unos pechos. Creo que no llega a ser erótico, pero por si las moscas le pongo el tag.

Spoiler Sus pechos no eran grandes y tampoco me gustaba su forma, pero yo no se lo decía; ¿qué me hubiese dicho ella? A ninguna mujer le gustaría que le dijese que tiene unos pechos feos bajo mi subjetivo punto de vista. Ahora mismo no recuerdo si me pidió alguna vez mi opinión acerca de ellos, pero nunca le hubiese dicho la verdad aunque tampoco le hubiese dicho una mentira. Hubiese optado por una respuesta tangencial, intentando no contarle mis verdaderos pensamientos.

Queixo TetillaTenían un tacto extraño, no eran turgentes ni tenían la piel tersa como otros, más bien parecía que se dejaban vencer por la gravedad con demasiada facilidad, como si estuviesen cansados de sí mismos o de su anfitriona. No era el peso lo que les confería esa forma, era algo inherente en ellos, porque no eran redondos sino más bien alargados y estrechos, como un queso de tetilla en posición vertical y algo derretido. Parecía como si fuesen veinte años mayores respecto a la edad de su propietaria.

Cuando los agarraba no eran mis manos las que se adaptaban a ellos, más bien eran mis dedos los escultores que les daban forma. Puedo afirmar con total sinceridad que no me gustaban. Cuando estaba vestida parecían más bellos de lo que eran en realidad, y me hacía sentir como un niño que mira con asombro la forma que tiene su regalo de Navidad, imaginándose el contenido, para luego desilusionarse al comprobar la verdad oculta bajo capas de papel y relleno.

Antes de verla en su desnudez me comentó una vez que querría tener unos pechos mayores. Le miré directamente al escote y le contesté que no hacía falta, que así estaba muy bien. Ese día llevaba una camiseta muy ajustada y apretada…

Testigos de Jehová

Pequeño relato de mi diario personal.

Acababa de llegar de trabajar después de salir tarde de la Ciudad Deportiva, qué raro. Encontré aparcamiento de puro milagro, justamente estaba saliendo un coche y yo ocupé su lugar justo debajo de mi casa. A partir de las cinco de la tarde se va haciendo cada vez más difícil encontrar sitio para dejar el coche, todo porque el Ayuntamiento tomó la decisión unilateral de quitar seis aparcamientos y hacerlos exclusivos para la comisaría de Policía Local que hay al lado de mi casa, en los salones del edificio de Correos. Lo gracioso de todo esto es que no es para los coche patrulla, no señor, para tal fin ya existen cuatro aparcamientos requisados y pintados de color amarillo con una señal de aparcamiento restringido al lado. Los seis aparcamientos son para los coches particulares de los policías, para que no tengan problemas de estacionamiento a la hora de dejar sus coches.

Busqué la llave del portal del bloque dentro del pequeño bolso que siempre llevo para no tener los bolsillos de los pantalones a reventar, abrí la puerta y allí estaban. El vecino del primer piso estaba acompañado de dos mujeres bien vestidas con las que conversaba. Durante los tres segundos que transcurrieron mientras recorría el espacio que separa la puerta de la escalera me dio tiempo de observar que las mujeres eran testigos de Jehová por las revistas que tenían en las manos.

El vecino del primero es un señor mayor con calva y con bigote y que siempre ha sido bastante hablador. Una vez me contó que todos los fines de semana envía una carta de opinión al periódico El Día y no sé si las envía por su afición a hablar mucho o es que habla mucho porque no se las publican. Tampoco sé si su mujer, sus hijos o sus nietos le escuchan o si le tienen prohibida su verborrea, sólo sé que si te ve en la escalera no te saludará como el resto de los vecinos. Esos vecinos con los que no tienes mucha relación te ven pasar y te obsequian con un saludo escueto pero este vecino no, lo más corto que me ha dicho alguna vez ha sido un «hola mi niño, ¿qué tal todo?» pronunciado con muchísima parsimonia. Mi respuesta siempre es la misma, «bien» mientras sonrío y él me contesta con un «me alegro» con el mismo ritmo lento.

Las testigos de Jehová eran las que estaban recibiendo el sermón y no como suele ser normalmente, cuando te abordan en la puerta de tu casa contándote sus cosas. La vecina de al lado ha puesto una pegatina en la puerta:

Somos católicos. No cambiamos de religión
Por favor, no insita.

Hace tiempo que no no han vuelto a molestarla, y lo curioso es que a mí tampoco incluso sin tener una pegatina. Creo que el vecino del primero está realizando una importante labor para toda la comunidad de vecinos.

La Caja de los Deseos

WishIntentando organizar un poco las posibles metas que me pueda marcar, he decidido crear una especie de lista de cosas que me gustaría hacer / conseguir. La llamo La Caja de los Deseos, paso de algo tan repetido como wishlist o similares. La puedes encontrar en la página About o en el acceso directo de la parte superior de la página.

Sustancia oní­rica

¿De qué están hechos los sueños? Algún tipo de materia viscosa pero a la vez también gaseosa porque mientras duermes te envuelve y se pega a tí, pero cuando suena el despertador se disipa rápidamente.

Spoiler

[M] aparecía en mi sueño, cosa que no ocurría desde hacía muchos meses. En el sueño estábamos en una sala con columnas, [I] sentado frente a un ordenador portátil y [T] a su lado leyendo manga. No sé cómo llegué allí, me aparecí o simplemente entré por la puerta, no lo sé, pero [T] se volvió, me miró y me saludó efusivamente. Dejé la mochila que siempre llevaba a clase en la Universidad en el suelo y le devolví el abrazo. Yo estaba feliz de verlo, y también en parte por comprobar que no guardaba ningún tipo de rencor hacia mí por nada de lo ocurrido. [I] no movió un músculo ante mi saludo, no se lo reprocho.

Sumomo[T] y yo hablamos de cómo nos iban las cosas, todo muy normal hasta que de pronto percibo el sonido de unos pasos. Miré hacia mi derecha y veo a [M] vestida igual que Sumomo, algún tipo de cosplay o algo parecido. [T] me dio una palmada en el hombro como queriendo decirme «bueno, nos vemos otro día» e invitándome a que me fuese antes de que ella llegase a nuestra altura.

Todo ocurrió muy rápido, ella llegó hasta nosotros, le dio un beso a [T] y luego me dedicó una mirada extraña, como exigiéndome una respuesta de por qué estaba allí, importunando. Me sorprendió cuando me dijo un escueto «hola» y yo le respondí lo mismo. Quería huir, salir de allí; [I] se había vuelto en su silla y me miraba, [T] me miraba y [M] me miraba, todos me miraban, cada uno de una forma distinta. Me di la vuelta y salí por la puerta que acababa de materializarse milagrosamente a mi espalda.

Una vez en el pasillo oí cómo [M] profería gritos de lo que adivinaba que era odio mezclado con frustración, y recordé que había dejado mi mochila allí dentro. No quería volver a entrar, pero en mi mochila había algo importante que no podía perder, no sé qué podía ser, pero la sensación imperiosa de recuperarlo me hizo tomar aire y aventurarme a regresar a aquel lugar.

Entré de nuevo justo a tiempo para cortar el principio de una frase de [M], tal vez sorprendida por mi osadía por estar de nuevo ante su presencia. Otra vez me miraban todos, sentía sus miradas en mí mientras caminaba mirando al suelo hasta dar con mi mochila. Me agaché, la recogí y me marché, escapando del odio que emanaba aquel lugar.

Luego sonó el despertador y salté de la cama, no quería volver allí.