La Fisioterapia, como el resto de Ciencias de la Salud, es una profesión vocacional. Lamentablemente, no existe un rasero objetivo que mida la vocación y sirva para filtrar los candidatos a comenzar los estudios. Tampoco existe ningún test psicotécnico que permita vetar la entrada a toda aquella persona con algún trastorno [sexual o psiquiátrico, por ejemplo]. No digo que haya que estar hecho de una pasta especial, sólo que realmente puedas y quieras trabajar estrechamente con personas e intentar ayudarlas en la medida de lo posible.
Sin embargo, y hablo desde mi punto de vista, sí que debemos desarrollar cierta capacidad de indiferencia respecto a nuestros pacientes. No quiero que mis palabras sean mal interpretadas, no hablo de tratar pedazos de carne, una prótesis de cadera, un EPOC o un retraso psicomotor, simplemente hablo de evitar en la medida de lo posible las implicaciones emocionales. No quiero ser el Dr. House de la Fisioterapia. Cada paciente es un sistema con multitud de variables intrínsecas y extrínsecas que, si no desarrollamos una membrana semipermeable, pueden afectarnos.
Cuando un amigo tiene un problema éste nos afecta, nos preocupamos, pero si esto es así es porque nuestra membrana semipermeable lo permite. Nuestros pacientes tienen problemas, que tienden a magnificar por su situación de enfermedad, y diez amigos al día con problemas son demasiadas preocupaciones para una sola persona, es decir, nosotros. Muchas veces somos «fisicólogos», un híbrido entre Fisioterapeuta y Psicólogo, pero debemos tener claro cuál es nuestra competencia y hablar lo justo y necesario.
Cada día que voy a trabajar me gusta ir en el coche con música. Recuerdo un día que hablando con el padre de un amigo sobre la música del coche me dijo que cualquier música era válida para llevar en el coche, desde clásica hasta jazz. No sé por qué no se me había encendido antes la bombilla, así que lo que hice a los pocos días fue poner un CD de Five Corners Quintet en el coche. Resulta curioso conducir mientras estás escuchando jazz, pero luego te acostumbras y al final acabas con un disco de João Gilberto cantando los clásicos de la Música Popular Brasileña [hasta aprendes algo de portugués-brasileño].
Sin embargo, a veces me gusta escuchar la radio. Por ejemplo, cuando voy al Puerto de la Cruz pongo la COPE sólo por oír gilipolleces. Otras veces pongo Radio San Borondón para oír cómo ponen a parir a los corruptos que nos dirigen. En algunas ocasiones también pongo Radio El Día para enterarme de los titulares de los periódicos. También pongo Máxima FM para que mis oídos sufran con el nivel de inglés de los locutores o bien pasar el tiempo sacando los samples de las canciones.
Y, como es normal en mí, pues hoy voy a hablar de samples, versiones y demás muestras de la creatividad actual. Empezamos con Rihanna y su Don’t Stop the Music.
La primera vez que la escuché pensé que ese sample de fondo que repetía una y otra vez «mama-se mama-sa mama-kosa» era de alguna otra canción que conocía. No se me quitaba de la cabeza la idea de que conocía la original, que incluso la tenía en mi biblioteca musical personal [léase disco duro], pero bueno, no le puse demasiada importancia. Una tarde, escuchando música como siempre, apareció en mi foobar2000 de repente una melodía familiar cuya parte final era ese verso repetido hasta la saciedad.
Efectivamente, Wanna Be Startin’ Somethin’, un éxito de Michael Jackson cuando aún era medio negro. Pero no quedaba la cosa ahí, porque escuchando la canción del colega se volvió a activar ese mecanismo que para bien o para mal tengo en la cabeza, localizado preferiblemente en el lóbulo temporal y con conexiones directas con el hipocampo. Había otra canción, de autor y título indeterminados, que era el verdadero origen de esa salmodia repetitiva y pegadiza. Y una vez más, tiempo después, volvió a aparecer por mi foobar2000 una melodía conocida.
Era Reggae Makossa, de Manu Dibango, pero de nuevo volvió a activarse el detector que tengo en la cabeza y, como estaba ya impresionado con la cadena de versiones que llevaba la dichosa canción ya sí que tuve que buscar en wikipedia para llegar al origen de todo.
Al fin di con la primigenia canción original, Soul Makossa de Manu Dibango. Menudo trabajo de investigación.
Pero ahí no queda la cosa, porque también tenía una canción que me traía de cabeza desde la primera vez que la escuché.
Esta vez no es que me resultara conocida, es que me siempre me ha gustado la música irlandesa y celta en general. Paddy’s Revenge, de Steve Mac, tenía toda la pinta de ser una versión de alguna canción irlandesa y quería saber cuál era la original para escucharla fuera del remix. Cuál sería mi sorpresa cuando di con la original y pude comprobar que no tenía nada que ver con lo que había pensado.
Music for a Found Harmonium, de Penguin Cafe Orchestra, un título bastante original si se tiene en cuenta que lo que suena es un armonio y que fue compuesta con uno que fue encontrado abandonado en una calle de Kyoto. Sinceramente, me decepcionó la original, quizás porque esperaba encontrar otra cosa.
Y por último, esa canción que tanto que se ha dado a conocer, sobre todo con la publicidad de Adidas.
Obviando el hecho de que tenía esta canción en mi disco duro meses antes de que saltase a la fama, la primera vez que escuché Beggin’ de Madcon supe que no era original, esos violines y ese piano no podían ser producto de una composición actual. No tuve que buscar demasiado para hallar la respuesta.
The Four Seasons, con Frankie Valli al frente, lanzaron su single Beggin’ allá por 1965. Un par de años después Madcon hace una copia casi exacta de la misma canción, aunque personalmente prefiero la original.
Como ya dije una vez, hoy en día la creatividad se define por la capacidad más o menos acertada de samplear o versionar canciones antiguas.
Mis ojos inyectados en sangre pasean de un rostro a rostro, de detalle en detalle, sin demorar en cada uno más que un instante, suficiente como para ser consciente de ellos pero sin llegar a memorizarlos. De pronto aparece ella, una isla entre la marea, que se mueve entre los demás pero, sin embargo, se ve arrastrada por la multitud. La reconozco de inmediato, es un alma solitaria rodeada de gente, que se piensa acompañada, absorbida por la ilusión que ella misma ha creado.
Lejos de provocar en mí alguna reacción, su visión me resulta anodina, simplemente la veo como un objeto que una vez estuvo animado. Es lo que es por su propia causa y efecto. Paso a su lado, se percata de mi presencia, parece sorprendida, pero una mirada de indiferencia glacial hace que muera en su boca todo atisbo de conversación. Me alejo sabiendo de su iniciativa petrificada y su mirada penetrante clavándose en mí, como un barco que deja a su suerte al náufrago en las corrientes del océano.
Nunca he sentido compasión por los que reciben lo que merecen.
El sexo es una actividad en la que está presente el movimiento y, de manera inherente, se producen multitud de sonidos: el colchón, el somier, las sábanas, la mesa, la lavadora, la bañera… Además, los momentos antes, durante y después son muy propicios para la conversación y sobre eso va esta historia. Navegando por internet me encontré con este diagrama de flujo que ilustra de manera gráfica [en inglés] las cosas que puedes decir en esos momentos que antes hablaba atendiendo a tres clasificaciones principales: bueno, pasable y malo. A partir de ahí la cosa se diversifica y no puedo negar que me he reído muchísimo con algunas.
Alguna vez haré una recopilación con mis propias experiencias, que no dejan de ser cómicas. Por cierto, lo vi aquí.
Mis helados y temblorosos dedos
se paseaban sobre letras inertes,
no en vano intentando ser fuertes
ante los embates del destino.
Ardieron como fuego los signos
llegando certeros los pensamientos
mientras las Parcas entonaban cantos
para urdir así el telar de mi camino.
Y así, de nuevo, a mi alma llegó el frío,
recordando viejas heridas ya cerradas
que junto al hielo se tornan dolorosas
como un asesino con taimado filo.
Ante malas compañías más vale solo,
pero el corazón sufre estar acorralado
y, aunque se defienda el terreno vedado,
siempre aparece el amor de algún modo.
Terrible palabra y sentimiento es el amor,
que hace tambalear al fuerte y al recio
mas doy fe, fui y soy enamorado necio,
sólo porque una mujer me dio su calor.
El otro día mi padre me llamó para que le echase un vistazo a un dolor que tenía en una costilla cuando tosía, estornudaba o simplemente inspiraba profundamente. Todo vino a raíz de una caída sobre el lado izquierdo que había tenido una semana antes, con el consiguiente dolor en el hombro y en la articulación esternoclavicular de ese mismo lado. Lo que le traía de cabeza era ese dolor de aparición tardía, por un mal gesto al intentar agarrar una lámpara que se iba a caer de una estantería. Además, también había que sumarle un dolor en profundidad localizado en las vértebras cervicales superiores junto con una limitación de la rotación izquierda.
Después del tratamiento con técnicas de Mulligan (SNAG dorsal para el dolor costal y SNAG para el dolor y limitación cervicales) y un poco de tratamiento de Puntos Gatillo Miofasciales (técnica de Jones en PGM del trapecio superior) la cosa había mejorado muchísimo, pasando de un 7 en la Escala Visual Analógica a un 1 para la punzada en la costilla y de un 6 a un 2 para las cervicales.
Sin embargo, lo que más me dejó marcado es que me di cuenta que mi padre está envejeciendo. Vaya tontería -pensarán algunos-, es ley de vida. Lo sé pero a veces hasta que la realidad no se presenta delante de tus narices no te das cuenta de que has estado pasando por alto muchas obviedades que estaban ahí, siempre han estado ahí. La piel de su cara comienza a ser más fláccida, los pelos de su pecho empiezan a teñirse de blanco y los su cabeza cada vez está más ralos. No quiero pensar que esta caída es algo más que un simple tropiezo, sino algo sin importancia y sin mayor trascendencia que unos cuantos dolores incómodos, y que no es signo de algo más subyacente, algo patológico.
Igual pasa con mi madre, la presbicia ya está haciendo mella en sus pupilas y, al igual que mi padre, su cara no es la de hace unos años ni su pelo se salva de las canas. En todos estos y muchos más detalles sólo veo signos de lo inevitable que es el paso del tiempo para todos. Incluso yo me siento algo más viejo, algo más cansado, si miro sólo cinco o seis años atrás y me veo en el instituto, como un adolescente. Todavía es pronto pero ya empiezo a sentir el peso de las palabras de Oscar Wilde:
El drama de la vejez no consiste en ser viejo, sino en haber sido joven.
Con el paso de los años he visto cómo las generaciones de mi familia han ido mermando poco a poco hasta quedarme sin abuelos. Incluso la segunda generación ha comenzado a desaparecer, el hermano de mi padre ha sido el primero. Por muchas despedidas que haya vivido uno nunca se acostumbra a renunciar a sus familiares. Por eso tengo la sensación de estar viviendo en una amenaza continua porque no quiero que mis padres se vayan aún, pero aún así veo que se precipitan inexorablemente hacia ese destino.