Pensamiento del día

Dolet ergo sum.

Cuando se trata de lidiar con la presunción, el engreimiento o la pedantería es preferible esquivar en lugar de confrontar.

Recordar viejos tiempos, aunque sean buenos, no es muy aconsejable; sin embargo, traerlos de nuevo hasta el presente y disfrutarlos una vez más es algo gratificante.

Cuestión de confianza

Siempre antes de ducharme me detengo un instante frente al espejo y dedico unos minutos a mirar lo que se refleja en él. No soy narcisista ni nada por el estilo, simplemente soy observador por diseño, nada más.

No puedo decir que me guste mi cuerpo, pecaría de vanidoso. Tampoco puedo decir que no me guste, eso sería mentir. Hay cosas que me gustaría cambiar, así como también hay cosas que preferiría que se mantuviesen como están. ¿Cómo llegar a un consenso?

Simplemente acepto mi anatomía tal y como es, lo cual no niega mi condición de inconformista, tan sólo reafirma el sentido pragmático con el que me tomo la vida. Solamente me preocupo por las cosas realmente importantes, el resto es tierra en el camino. Si algo no se puede cambiar, acéptalo tal y como es.

Nunca disfrutarás por completo de otro cuerpo si no aceptas el tuyo propio, es algo en lo que creo firmemente. La experiencia me ha dado la razón en ello, las inseguridades son taras que pasan factura en muchos aspectos de nuestra vida, desde la capacidad para hablar en público hasta una relación interpersonal.

Si no tienes seguridad en ti mismo, nunca sentirás esa seguridad en otra persona. No obstante, nadie nunca posee una absoluta confianza en sí mismo y si alguien dice lo contrario simplemente está mintiendo. Tan sólo se trata de minimizar las inseguridades.

Si quieres disfrutar de la vida conoce tus capacidades y confía en ellas.

Camaleones

Hoy, al llegar de fiesta en La Laguna, me he encontrado con un amigo en la cocina, un perenquén [a.k.a. gecko] adulto de tamaño considerable que se ha escondido detrás del cesto de la ropa. Desde siempre estos animalitos nocturnos han despertado en mí un profundo sentimiento de empatía, no sé por qué.

De pronto ha llegado hasta mi mente el recuerdo de los camaleones, otros animales que me resultan especialmente adorables. Son grandes maestros del mimetismo. El siguiente pensamiento que ha llegado hasta mi mente han sido los distintos encuentros que han ocurrido esta noche. Definitivamente, mientras menos buscas con mayor facilidad eres encontrado, no falla.

Es curioso cómo las personas reaccionan de distintas maneras cuando ven a alguien conocido. Las hay que se alegran, otras se sorprenden y otras intentan pasar desapercibidas retirando la mirada a pesar de haber ocurrido un contacto visual directo.

Tengo una memoria bastante visual y a veces tan sólo me basta con un gesto conocido, un rápido vistazo o un simple detalle anatómico para identificar a las personas. Sin embargo, cuando te encuentras de frente con alguien, nos miramos fijamente durante un instante y luego la otra persona desvía la mirada como si con esa sencilla acción lograse ocultarse o, más bien, simular que no te ha reconocido, me provoca risa.

Es patético.

Ambos sabemos que nos hemos reconocido pero, sin embargo, uno de los dos actúa como si nada hubiese ocurrido. Es entonces cuando, quizás movido por una sórdida intención de venganza, me acerco hasta esa persona y exclamo sorprendido su nombre. Luego se suceden el correspondiente saludo, una conversación absolutamente intrascendente y la despedida.

Otras veces, sin embargo, se dibuja en mi cara una sonrisa socarrona al saberme reconocido y, a la vez, evitado, sobre todo cuando la otra persona no ha sabido ocultar su expresión de sorpresa. Entonces, en lugar de acercarme, actúo como si no hubiese ocurrido nada en absoluto.

Qué estúpidos somos tan a menudo.

Pensamiento del día

No busques y serás encontrado.

Soy simpático pero esto no quiere decir que me quiera acostar contigo.

Escucha y observa con atención, analiza e interpreta la información, comprende y actúa en consecuencia. Esa es manera más adecuada de aprovechar tu vida.

Recuerdos fragmentados

Resulta extraño a la par que desconcertante el funcionamiento de la mente humana. El hecho de que para una máquina sea tan difícil entender cómo es su propio funcionamiento da una idea de lo limitado que es nuestro cerebro para conocerse a sí mismo. Durante la última semana he tenido sueños extraños no por su contenido sino por lo esclarecedores que han sido respecto a mis propios pensamientos y recuerdos.

De hecho, aún ahora me detengo e intento traer desde el fondo de mi memoria recuerdos que sé que están ahí, detrás de aquel cuadro del museo Van Gogh, debajo de aquella cama con olor a vainilla o junto al ojo de buey de la pared.

Son recuerdos fragmentados, recuerdo unos labios carnosos que rozan los míos, un pelo corto y una nuca de piel pálida y suave, unas piernas bajo una falda azul celeste, unas esclavas de color marrón en verano, una peculiar mancha en el iris, unos pechos turgentes, unos pies con las uñas pintadas de color morado, una voz con acento peninsular que me habla, una toalla blanca enrollada en el pelo, un camisón de color dorado, un sujetador negro con encaje…

Tengo todas esas imágenes impregnadas en algún lugar de mi mente, tan fidedignas como una instantánea que congela el espacio y el tiempo. Cada fotografía corresponde a alguna persona, pero no soy capaz de reconstruir a ninguna completamente. No recuerdo cómo era su voz, no encuentro su olor por ninguna parte, se ha perdido su cara entre tantas fotografías… ¿Tenía los ojos de este color u otro? ¿Era así de alta o quizás un poco más baja? ¿Realmente era así o más delgada?

Sólo poseo pequeñas pinceladas que apenas forman en el lienzo una pintura al óleo inacabada, retratos inconclusos de las modelos que han posado para mí en los que se entremezclan vívidos detalles con zonas difuminadas.

Pensamiento del día

Dejé mi corazón en Islandia.

Cuando cada día tienes una nueva inspiración para continuar ampliando una historia quiere decir dos cosas. La primera es que tal vez nunca termines de escribirla. La segunda es que al acostarte habrás aprendido algo más.

No todo es cuestión de estrategia, saber dónde mover las fichas en las distintas partidas de ajedrez con las que nos reta la vida. A veces debemos pararnos a pensar por qué y para qué jugamos. En ocasiones nos daremos cuenta que es preferible retirarse y perder la partida que jugarla para perder el tiempo y la vida.