Morir lentamente

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las «íes» a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.


Pablo Neruda

Originally me

No estoy mosca, es sólo que tengo ganas de escribir automáticamente, echar (de nuevo) pensamientos sobre estas líneas. No puedo estar atosigando a nadie todo el día, todos los días. No va conmigo. Yo me hago notar un poco, y ya luego si me quieres dar un toque pues bien. ¿Me perteneces? ¿Te pertenezco? No existe esclavitud, lo sé, y tampoco pretendo que la haya. Es sólo que se agolpan las ideas en mi cabeza y buscan salida por algún resquicio. El problema viene cuando me pongo a pensar, a divagar, y es un peligro. Soy de los que primero piensan mal y luego intentan pensar bien. Si no das señales de vida, es porque estás ocupada, estás pasándotelo bien, estás pasándotelo mal, no te acuerdas, no te quieres acordar, estás en compañía, quieres estar sola, no tienes saldo, no quieres gastar dinero, no tienes un teléfono a mano, no quieres llamar a secas…

Que conste que no estoy enfadado ni mucho menos, sé que estaba en el Congreso de la M.G.D. y a lo mejor no me querías molestar, pero te puedo asegurar que no lo hubieses hecho. Es más, lo hubiese preferido, para poder escapar de la compañía de tanto médico enchaquetado que tiene a los fisioterapeutas a menos. Escuchar tu voz como un bálsamo… Lo hubiese querido, pero muchas veces no se cumple lo de el que quiere tiene, y el que tiene puede. En fin, estoy cansado y creo que me voy a poner a terminar de ver «La memoria de los muertos», que anoche no pude terminarla porque tenía sueño.

Después

Después de tus besos, ¿llega la oscuridad?
Después de tu risa, ¿llega la soledad?
Después de tu mirada, ¿llega el vacío?
Después de ti... ¿qué?

Lo siento

Siento sentir que lo siento. Lo siento por lo que siento, y siento lo que siento como nunca he sentido. Siento que lo que siento es con sentido, que siento esto porque lo siento. Siento en el alma que siento lo que siento, mientras se me escapa entre los dedos todo esto que siento. Lo que siento es lo que siento, y lo siento si no siento nada más, porque si siento esto es porque siento que te siento. Te siento dentro, muy dentro, dentro de lo que siento. Por eso te siento, y siento lo que siento.

Siento que sientes que te siento, y también siento que me sientes. Siento que sientes que te siento tan sólo por sentir, pero no es así, te siento porque te siento. No te siento porque lo siento, ni tampoco lo siento porque te siento. Te siento porque te siento. Siento que te siento, distinta al sentimiento de la primera vez que te sentí. De verdad que lo siento, pero no puedo evitar sentirme así. Siento no poder decirte lo mucho que te siento, pero siento que sientes que te siento, pues mis sentimientos se sienten, te sienten y los siento.

Lo siento pero… Te siento.

Mi musa

¿Crees en la inspiración? Yo creo en ella, tengo fe. Sin embargo, no estoy esclavizado a ella, porque en el fondo sé la verdad. Sé que a veces puedo prescindir de ella, a veces necesito estar sólo, yo y mis pensamientos.

En realidad, pocas veces logro estar solo, porque en cuanto me descuido apareces y te conviertes en mi inspiración. Me divierto cuando juegas conmigo, intentando esconderme de ti y regocijándome cuando me encuentras. Siempre logras escapar del laberinto y acabas abrazada a mí, aunque no te toque. Te imagino, tu piel contra mi piel, tan suave, tan dulce… ¿Lo ves? Ya me has vuelto a encontrar y vuelvo a pensar en ti. Eres mi inspiración, y siempre vuelves a mí.

Y es que las cosas más bellas no siempre nacen de la inspiración. Tú, por ejemplo, apareciste un día y, qué casualidad, al igual que mi inspiración, sin esperarte y sin avisar, y ahí te quedaste, colgada de mis pensamientos.