Equinoccio de primavera

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Llega la primavera y dicen que altera la sangre y los corazones, aunque como yo ando todo el año de la misma manera tampoco supone demasiada diferencia salvo por los posibles brotes de alergia.

Navego a la deriva y perdido
bajo la luz de un sol mortecino
a rastras y con pasos cansados
persiguiendo a quien huye de mí.

Vivo, pero a la vez algo muerto,
con un hueco en el centro del alma
que ocupara hace ya tanto tiempo
mi viejo espíritu malherido.

Sufre mi corazón de agujetas
por muchos latidos derramados
por otro corazón orgulloso,
por un amor no correspondido.

Un cuerpo maltrecho y dolorido
de huesos, carnes y sentimientos,
con una pena intensa en el pecho
por suspirar por quien no ha querido.

Mis ojos pasean su mirada
buscando cierto bálsamo en vano
que alivie por fin el sufrimiento
de vivir con este sino amargo.

Y seguimos viendo pasar las estaciones, cambiando el tiempo, los olores y también los colores, pero hay ciertas cosas que no cambian, nunca cambian…

Pensamiento del día

No abuses de los dulces, el azúcar es un veneno que te mata poco a poco.

Convertir incertidumbres en certezas tiene un sabor agridulce en la mayor parte de las ocasiones; unas veces es un placer y otras es un sufrir.

Hay frío seco como las palabras ásperas, frío húmedo como las lágrimas de tristeza, frío que cala hasta los huesos como el inevitable adiós o frío que llega hasta el corazón como los sentimientos que mueren.

El águila y el cisne

El Teide nevado [y II]Iba el águila un día surcando el cielo, como era su menester, observando el mundo allá abajo en el suelo por si algo pudiese atraer su atención. Sus ojos escrutadores iban paseando de un lado a otro mientras pensaba en asuntos algo elevados para un rapaz aunque a él le entretenían en su día a día, durante el tiempo que transcurría entre la cacería y la distracción. Barruntando en su mente ideas, y a la vez que miraba sin realmente observar, se percató de pronto de una figura que destacaba sobre la espejada superficie de un lago así que movido por la curiosidad decidió acercarse un poco más.

Comenzó a describir círculos mientras descendía lentamente evitando de esta manera llamar demasiado la atención hasta que estuvo a la distancia suficiente como para reconocer a la conocida figura, la esbelta y elegante cisne que había conocido tiempo atrás, cuando la primavera hacía brotar colores de la tierra y la fauna del bosque bullía con la ensordecedora excitación de la estación. Decidió acercarse confiado hasta la rama del árbol más cercano a la cisne de manera que pudiesen mantener una conversación sin mucha dificultad.

Se saludaron con efusivas palabras y, aunque el águila hubiese deseado rozar su plumaje parduzco contra el blanco y algodonoso vestido de su compañera, ambos mantuvieron las distancias. El águila, tan perspicaz como casi siempre, supo que algo ocurría y decidió tomar las riendas de la conversación para llevarla al terreno sobre el que le interesaba indagar. La cisne quería permanecer dentro del lago, no quería salir de su dominio por nada del mundo y al águila no le apetecía nada mojarse en aquellas aguas que ya comenzando el otoño empezaban a estar algo frías. El águila no le daba demasiada importancia a este capricho de su compañera porque, al fin y al cabo, él era consciente que no estaba hecho para ser ave acuática y aceptaba esta limitación a la hora de estar más cerca de la cisne.

Hablaron largo y tendido, de los cambios que habían sucedido en el paisaje que les rodeada, de cómo el verde había dado paso al marrón otoñal, del hecho que las dos aves habían cambiado su modo de vida junto con el resto de los habitantes del bosque y hasta de las diferencias que habían aparecido en el plumaje de cada uno. Ninguno de los dos podía negar que disfrutaba de la conversación que le ofrecía el otro así que, después de ese encuentro y con bastante frecuencia, siempre volvían a quedar en el mismo lugar. La cisne siempre mantenía su costumbre de permanecer dentro del lago y el águila ya daba por hecho que esto no cambiaría, pero no le importaba porque estaban lo suficientemente cercanos como para poder hablar entre ellos sin ningún problema. Tan sólo cuando surgían ciertos temas que requerían una conversación en voz baja aparecían ciertas dificultades para hacerse entender y entonces se tomaban una licencia: el águila abandonaba su rama y se posaba en el suelo a la vez que la cisne se acercaba a la orilla.

El tiempo pasó y llegó el invierno, la mayor parte de las aves del bosque habían tomado la decisión de remontar el vuelo y viajar a tierras más cálidas huyendo del frío, todas menos la cisne. A ella le gustaba aquel lago, y aunque las aguas comenzaban a congelarse en algunos puntos de su superficie, y aunque el frío le provocaba molestias en su cuerpo sumergido, ella no deseaba moverse de allí. El águila intentó muchas veces en vano tratar de convencerla sobre lo que debía hacer, salir de aquel lugar y viajar a otra parte con un clima más agradable. Incluso, si no quería viajar sola él se ofrecía a acompañarla de muy buen grado, pero nada pudo conseguir. Para él era inevitable preocuparse por su compañera porque le importaba su bienestar y por eso insistía tan a menudo a pesar que la humedad de aquel sitio le calaba hasta los huesos y le provocaba dolor en sus articulaciones.

Un buen día, ya bien entrado el invierno, la cisne le pidió al águila que no volviese a hablar con ella más. Aunque el frío le hiciera temblar, a pesar de sufrir dolores en su cuerpo, ella había decidido quedarse allí en aquel lago ya casi helado por completo, aún a sabiendas de su más que seguro fatídico desenlace. El águila, como buen compañero, decidió respetar su decisión aunque no la compartía porque él, en su fuero interno, sabía perfectamente que no era la correcta y a la vez conocía cuál era la mejor opción posible; precisamente había intentado muchas veces hacer comprender a la cisne.

Se despidieron, no sin cierta amargura, y el águila ascendió buscando corrientes de aire más cálidas que le ayudasen en su viaje. Echó un último vistazo hacia abajo pero el níveo plumaje ya se confundía perfectamente con el paisaje y ni siquiera pudo lanzar una última mirada a modo de despedida ni tampoco logró comprobar si la cisne lo miraba a él allá arriba en el cielo.

Sigue siendo invierno en el lugar pero ha pasado tiempo desde ese último encuentro y la triste despedida. El águila desearía que terminase el invierno lo más pronto posible para que la primavera vuelva a hacer aparición en el bosque. Sin embargo, a menudo sobrevuela el lugar temiendo escuchar el canto de aquella compañera porque él sabe que los cisnes, antes de morir, cantan una última vez.

Preguntas

SecuelasLa verdad es que desde el pasado 26 de julio he sido asaltado a diario con todo tipo de preguntas acerca de mi accidente y mi nueva condición funcional. Las más frecuentemente formuladas han sido las siguientes y suelo contestar con distintas respuestas dependiendo de quién me pregunte.

¿Qué te pasó?

  • Estaba echando un pulso y tuve una fractura abierta de radio, pero gané porque el otro se desmayó al ver la sangre y el hueso por fuera.
  • Estaba con la bici, me saltó una cabra en medio del camino y por no pasarle las ruedas por encima la esquivé como pude y acabé en el suelo.
  • Estaba con la bici y tuve que echar mano del freno trasero pero como no era suficiente usé el delantero e hice un salto mortal carpado hacia delante con medio tirabuzón terminando sobre el asfalto.

¿Y qué te hiciste?

  • Me raspé un poco, pero el problema vino cuando me puse a hacer break-dance para comprobar si me había pasado algo grave y fue entonces cuando me rompí el brazo.
  • Me lijé el codo izquierdo y me fracturé el radio derecho, fin de la historia.
  • Al principio no pensé que fuese demasiado, el codo izquierdo sangrando y en carne viva y en el derecho pensé que había sido simplemente un esguince pero el dolor era demasiado intenso a la pronosupinación así que empecé a sospechar que tenía una fractura de la cabeza del radio.

Seguro que ibas haciendo el loco / ibas rapidísimo…

  • Qué va, el tema es que estaba despistado mirando el escote de una chica que pasaba por allí y cuando reaccioné era demasiado tarde.
  • Pues sí, iba de pie sobre el sillín haciendo malabares con machetes afilados.
  • Al contrario, iba bastante tranquilo hasta que cambió el semáforo a rojo y tuve que frenar sí o sí para evitar ser arrollado en una intersección.

¿Y cómo hiciste después de caerte?

  • Pasó mi ángel de la guarda pidiéndome disculpas por llegar tarde, porque por lo visto estaba echándose unos camarones y unas cañas con unos compañeros de promoción y entre una cosa y otra se lió el tema y se le hizo un poco tarde.
  • Pasaba por allí un perro, que me meó encima, pero conseguí convencerlo para que fuese hasta mi casa y avisase a mi hermana.
  • No había nadie para ayudarme, así que me quité la bici de encima, me levanté medio mareado, me senté en un banco cercano, me lavé como pude la herida del codo izquierdo con el agua que llevaba, me valoré el brazo derecho hasta dar con el posible diagnóstico, improvisé una suerte de cabestrillo con mi camiseta y usé mi móvil para avisar a mi hermana para que me llevase a urgencias.

Y en urgencias tuviste que esperar, ¿no?

  • Qué va, se ve que no sabes que la Sanidad canaria y en concreto el Servicio de Urgencias del HUC funcionan a la perfección.
  • Me dio tiempo de contar las baldosas de la sala de espera, el número de asientos y hacer amistad con un tío que tenía fractura de clavícula y al que el analgésico intravenoso que le administraron le provocó una reacción anafiláctica acojonante.
  • Nada más llegar me pusieron un cabestrillo de verdad, tres horas y media después me atendió una doctora con cara de prepotente amargada que me hizo sufrir porque quería comprobar por sí misma mi diagnóstico, media hora después sufrí todavía más para sacarme una radiografía lateral y otra anteroposterior del codo, una hora después pasé a un box para seguir sufriendo mientras limpiaban con una esponja mi codo izquierdo a la vez que enyesaban mi brazo derecho, luego me comunicaron que pasaría la noche allí a la espera de ser ingresado y me metieron en una sala llena de sillones articulados con dos enfermos de neumonía, uno con angina de pecho inestable, uno con un rechazo a una malla de contención para una hernia inguinal y una chica con pielonefritis. Fue entonces cuando me pusieron una vía y me administraron analgésicos para poder dormir.

¿Y dónde te ingresaron al final?

  • Me abdujeron unos alienígenas, del resto no me acuerdo.
  • Me confundieron con otro paciente y me querían llevar a un psiquiátrico. Menos mal que al final encontraron al que iban buscando y me dejaron tranquilo con lo mío.
  • Quería que me llevaran a La Colina o a San Juan de Dios, al final me trasladaron al segundo después de ducharme y almorzar.

¿Y cómo haces para ducharte, vestirte, comer y demás necesidades biológicas?

  • Tengo una asistente personal, antes vivía en la mansión Playboy.
  • Soy totalmente independiente, uso mi mano izquierda, los pies, la boca y demás partes de mi cuerpo.
  • Para las tareas que usaba la izquierda no hay problema, para las que usaba la derecha intento apañarme con la otra y para las que usaba las dos pues trato de hacer lo que puedo con la izquierda. Cuando no puedo, pues pido ayuda, principalmente para la ducha, que tengo que impermeabilizar mi brazo derecho y manejar la esponja con el izquierdo. También para vestirme, sobre todo para ponerme las camisas y camisetas.

¿Y no te da vergüenza?

  • No precisamente, en realidad me da rabia que las jovencitas me vean desnudo de manera gratuita. Normalmente suele suceder que cuando comparto la ducha con otra mujer ella también está sin ropa.
  • Después de la primera vez te acostumbras a que las auxiliares te vean por los pasillos y se ruboricen, sobre todo las más jóvenes.
  • En cuanto al número de elementos anatómicos estoy dentro de la media, no poseo ninguna anomalía extraña ni nada parecido. Cuando tu mayor interés es poder asearte creo que la otra persona siente más vergüenza que tú. Además, forma parte de su trabajo, ¿no?

¿Cuánto tiempo estuviste ingresado?

  • El suficiente, me dio tiempo de conocer a todas las auxiliares y enfermeras que trabajaban en mi planta.
  • Me aburrí demasiado, podría haber estado en mi casa haciendo cosas más productivas, aunque seguramente hubiese pasado mucho más calor y no hubiese tenido tantos cuidados por parte de las enfermeras.
  • Los primeros tres días me estuvieron haciendo las pruebas para la operación y el cuarto día madrugué para entrar en quirófano a primera hora de la mañana. Tuve un compañero que fue intervenido de un Dupuytren y se marchó al día siguiente, y el segundo fue intervenido el mismo día que yo para una sustitución total de rodilla pero se quedó en la UCI por problemas cardíacos que tenía desde hacía años. Me dieron el alta al día siguiente, así que estuve ingresado durante cinco días y cuatro noches.

¿Qué te hicieron en la operación?

  • Buscaron en el matadero algún codo que fuese compatible conmigo, pero como no dieron con ninguno usaron el de un cadáver.
  • Me rajaron el codo, me estuvieron hurgando ahí dentro y según me comentó el traumatólogo, me pusieron un poco de poxilina y un par de alambres para agarrar los trozos.
  • Mientras la anestesista me ponía una vía nueva y limpiaba la sangre que manchaba mi brazo y la mesa de operaciones me dio tiempo de hablar con mi cirujano. Le comenté que soy fisioterapeuta y necesitaba el mejor resultado posible, él me dijo que entonces tenía más presión por tratarse de un colega sanitario, que me pondría dos clavos ya que el fragmento parecía grande y así tendría más consistencia. Lo siguiente que recuerdo es despertar en la sala de recuperación con una resaca increíble debido a la anestesia general que me habían administrado.

¿Cuánto tiempo tardarás en recuperarte?

  • Ya estoy recuperado, lo que pasa es que llevo el yeso por aparentar, pero ya puedo volver a cargar piñas de plátanos con los dos brazos.
  • Bastante tiempo, lo suficiente para seguir requiriendo los servicios de mi querida asistente personal.
  • Cada paciente es distinto, pero seguramente sean un par de meses. Yo intentaré acelerar el proceso dentro de lo posible y prudente, por ahora tan sólo estoy moviendo los dedos para minimizar un poco la atrofia muscular y movilizar la cicatriz cutánea. Espero tener la menor limitación funcional a la flexoextensión y la pronosupinación que sea posible y que no impida mi trabajo.

No han sido las únicas, también me han preguntado por detalles mucho más específicos como por ejemplo qué posturas puedo hacer en la cama; a veces no sé si se refieren a cómo duermo o a otro tipo de actividades. Por cierto, quería aclarar que todas las respuestas tienen su parte de imaginación y su parte de realidad mezcladas en proporciones variables.