Adiós, amor

Nadie puede negar que en siete años tenemos tiempo suficiente para cambiar, porque nada permanece estático ante el paso del tiempo, ni tú ni nadie. Mírame a mí, hace siete años hablaba de relaciones que terminan, de personas que se sienten mal por ello, de desamores y algunos trucos para poder sobrellevarlo, pero a pesar de todo este tiempo sigue siendo un tema que no pasa de moda. ¿Por qué será? Quizá porque somos igual de humanos, nos seguimos enamorando, seguimos sufriendo y seguimos cometiendo los mismos errores.

Y es que los sentimientos nunca cambian.

Pero la manera de comunicarlos sí que cambia, y lo hace muy rápido. Las tecnologías avanzan, y lo que hoy es algo novedoso mañana ya estará desfasado. Por ejemplo, aún recuerdo cuando usaba el MSN para hablar con la gente, hasta que Microsoft le echó el cierre. También recuerdo cuando eso de poder navegar por internet a través del móvil era el no va más y hoy en día ya no necesitamos un ordenador para poder trabajar. Tal vez dentro de siete años recordemos cuando usábamos el WhatsApp hasta que apareció una nueva forma de comunicación cuántica.

Por eso en esta segunda edición, corregida y aumentada, he cambiado alguna que otra mención a sistemas de transmisión de información que ya no se usan. Lo siento por aquellas personas nostálgicas de las cartas manuscritas y los telegramas, pero la buena noticia es que los principios de actuación son igual de aplicables a cualquier medio de comunicación, pasado, presente y futuro.

Aprovecho para mandar un saludo desde aquí a los viajeros en el tiempo, y cuidado con las paradojas temporales.

No sé si te lo he contado alguna vez, pero en un principio se iba a titular «Guía para corazones rotos» pero al final decidí optar por «Adiós, amor» y así se quedó. Nunca sabremos si fue una buena decisión y es por eso que no he recibido ninguna llamada de alguna editorial para ofrecerme dinero por los derechos. Lo cierto es que nunca esperé hacerme rico ni famoso, por eso ha estado a disposición de cualquiera con una licencia Creative Commons para que fuese aprovechada por quien le pudiera hacer falta.

La cuestión es que han pasado más de siete años desde que escribí esta broma, que hay quien considera un libro y hasta una guía práctica de supervivencia. Esto último lo sé porque me lo han comunicado desde mi club de fans. Lo que empezó siendo un archivo de texto casi sin formato terminó siendo un PDF con sus ilustraciones, sus números de página, su índice… Y sus erratas, que espero haber minimizado en lo posible.

Lo hice en ese formato porque mis dotes de clarividencia no me permitían dilucidar el masivo uso de teléfonos móviles, lectores electrónicos y demás aparatos que íbamos a tener hoy en día. Otra razón para editarlo en PDF era por si había alguien que quisiera imprimirlo maquetado como un libro y tenerlo en la mesilla al lado de la cama. Yo siempre he aconsejado no malgastar papel en imprimir tonterías, y lo cierto es que aún no he firmado ninguna edición impresa, aunque sé de la existencia de algún que otro ejemplar clandestino.

En esta ocasión he decidido adaptarme a los tiempos que corren y editar «Adiós, amor» en formato epub para que se pueda leer en cualquier móvil, tablet, lector o libro electrónico. De nuevo, mis expectativas de ganar dinero y fama siguen siendo las mismas, así que renuevo mi compromiso copyleft por la gratuidad y el bien de todos esos corazones que sufren por un desamor.

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