Y después…

Extrañamente me siento bien, incluso con todos los desatinos y el examen… Me siento bien, tranquilo, sereno… Bien. Me siento bien porque no tengo nada que reprochar. Siento que todo está bien, conciencia tranquila… Nunca me ha dado miedo ser descartado, a que me echen, no me da miedo bajarme del tren porque en el fondo sé que alguien me recogerá y me volverá a llevar. Amigos, siempre ahí. Los que no están, que se vayan, no me importa. El apoyo de los que me quieren siempre me arropará, sé que no es una ilusión porque ya lo han demostrado.

¿Te quedarás? ¿Te irás? Querría irme contigo si tú lo quieres. Si no lo quieres, tendré que hacer la maleta y marcharme. Si me echas junto con mis cosas por la ventana daré gracias que la caída no es tan grande. Recogeré lo mío y me iré, no sin antes dejarte en la puerta una lagrimita, una nada más.

Ahora que estoy fuera del camino me he encontrado con dos viejos amigos, mi soledad y mi conciencia. Y allí, hablando solo con los tres, hemos decidido volver a andar el camino juntos. Si es que la buena compañía nunca está de más, ¿verdad?

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