Tarjetas de cortesía

Muchacha, ¿estás cansada de intentar pasar un buen rato con tus amigas mientras estás siendo interrumpida por molestos aprendices de cómicos? ¿Estás harta de malgastar valiosos minutos de tu vida que no podrás recuperar por culpa de ese acosador con demasiada confianza en sí mismo?

¡Entonces prueba con una tarjeta de cortesía!

Estas pequeñas tarjetas son del tamaño perfecto para llevar a cabo el trabajo. Cuando no quieres ser molestada ni perder más tiempo simplemente escoge una tarjeta, entrégasela a ese tío y da media vuelta… Tan sólo deja que la tarjeta haga el resto.

Pensamiento del día

tarjeta

Cada día tengo más claro que debo tener tarjetas de presentación en la cartera, nunca se prevén los momentos más inverosímiles en los que serán necesarias.

Hay personas que querrían tener más horas en el día pero este deseo entraña un riesgo importante: es probable que tengas mucho más tiempo para disfrutar pero también tendrás que acarrear con más tiempo para sufrir. El deseo más sensato, si es que puede llegar a ser calificado como tal, es que por arte de magia o alguna alteración espacio-temporal los momentos de felicidad durasen días en lugar de transcurrir tan rápidamente.

Aunque haya gente que se empeñe en intentar argumentar absurdas teorías, las situaciones que vivimos no son producto del azar o la participación de algún ente superior omnipresente, omnisciente u omnipotente.

El destino o un dios no son más que ideas abstractas surgidas de la mente de las personas que necesitan desterrar la sensación de vértigo que sienten ante una vida de libre albedrío, que se encuentran más seguras sabiendo que están siendo dirigidas por algo o alguien y que existe un plan preestablecido del que son partícipes. De esta manera justifican las consecuencias de sus actos y los de los demás con argumentos estúpidos sin indagar en las razones, en las causas de sus acciones. Sus creencias insustanciales hacen que sean individuos estancados en su posición, sin posibilidad de una evolución personal precisamente porque carecen de esa capacidad de introspección y espíritu crítico que son necesarios para cambiar y, al menos, moverse en alguna dirección.