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El valor de una mentira
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Cuando tratamos a nuestros pacientes nos colocan en una posición un tanto comprometida a la hora de responder a sus preguntas. ¿Debemos ser rigurosos y asépticos? O por el contrario, ¿debemos modificar la información llegando en ocasiones a omitir ciertos aspectos y no ser fieles a la verdad? Es una decisión un tanto complicada porque, aunque soy de la opinión de informar sin sesgos, lo cierto es que en ocasiones siento que no debo ser así.
Por ejemplo, tengo una paciente de más de 90 años de edad, sin deterioro cognitivo y con secuelas de una intervención quirúrgica debido a una fractura de cadera. Es capaz de realizar la marcha únicamente en paralelas y de vez en cuando me suele preguntar “¿volveré a caminar?”. Sé a lo que se refiere, ella desea volver a coger su andadora y pasearse de un lado a otro como más le plazca y yo sé que no lo va a volver a conseguir. Mi respuesta es siempre la misma: “¡pero si ya estás caminando!”.
Ella nunca se queda contenta con mi respuesta, al igual que yo tampoco lo estoy. “Tú sabes a lo que yo me refiero, esto no es caminar” ha dicho en alguna ocasión con tono triste en su voz. “Estás todo el día sentada y aquí puedes ponerte de pie y andar al menos un rato. ¿No es eso caminar?” le contesto mientras le sonrío. Ella sonríe con melancolía mientras dice “es verdad, al menos puedo hacer esto” y sigue con sus ejercicios.
Quiero pensar que le doy ánimos para no dejar de perder el interés en, al menos, ponerse de pie un rato al día y darle algo de movimiento a sus piernas. Es lo que calma mi conciencia a pesar de no ser totalmente sincero con ella pero, ¿qué bien le haría decirle toda la verdad y nada más que la verdad?
Trabajar en el ámbito de la Geriatría tiene estos y otros momentos agridulces.
Pensamiento del día
0Dejar pasar antes a una mujer no siempre es cuestión de caballerosidad.
Vivir es sólo para aventureros porque en realidad existen muy pocas certezas.
La risa de alguien a quien quieres de verdad es una pregunta a la cual querrías pasar toda tu vida respondiendo.
Pensamiento del día
0Para mostrarte tal y como eres hace falta ser muy valiente.
Muchas locuras han sido desechadas a pesar de tratarse de buenas ideas porque nadie se dio cuenta de su verdadero potencial.
“Vístete con una sonrisa y el mundo te sonreirá”; es cierto y funciona, porque los que no piensen que eres idiota te preguntarán la razón por la cual te estás riendo.
Conversaciones con Demian
0Frau Eva asistía con frecuencia a estas conversaciones pero nunca hablaba de esta forma. Era para cada uno de nosotros, cuando exteriorizábamos nuestros pensamientos, un oyente atento, un eco lleno de confianza, de comprensión; parecía que todos los pensamientos manaban de ella y volvían a ella. Estar a su lado, oír de vez en cuando su voz y participar en la atmósfera de madurez y espiritualidad que la rodeaba era para mí la felicidad.
Ella notaba en seguida cuándo se producía en mi un cambio, una confusión o una renovación. Me parecía que los sueños que yo tenía al dormir eran inspiraciones suyas. Muchas veces se los contaba y le resultaban comprensibles y naturales; no había dificultades que ella no siguiera con su clara intuición. Durante un tiempo tuve sueños que eran como reproducciones de nuestras conversaciones del día. Soñaba que todo el mundo estaba revolucionado y que yo, solo o con Demian, esperaba tenso el gran destino. Este permanecía oculto pero llevaba los rasgos de Frau Eva: ser elegido o rechazado por ella era el destino.
A veces me decía sonriente:
–Su sueño no está completo, Sinclair, ha olvidado usted lo mejor.
Y podía suceder que yo volviera a recordar nuevos fragmentos y no pudiera comprender cómo antes los había olvidado.
De vez en cuando me sentía inquieto y los deseos me atormentaban. Creía no poder resistir verla junto a mí sin estrecharla entre mis brazos. También esto lo notaba en seguida. Una vez estuve varios días sin aparecer; por fin volví confuso y ella me condujo a un lado y me dijo:
–No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Sé lo que desea. Pero tiene que saber renunciar a esos deseos o desearlos de verdad. Cuando llegue a pedir con la plena seguridad de que su deseo va a ser cumplido, éste será satisfecho. Sin embargo, usted desea y al mismo tiempo se arrepiente de ello con miedo. Hay que superar eso. Voy a contarle una historia.
Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.
–El amor no debe pedir –dijo–, ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. En ese momento ya no se siente atraído, sino que atrae él mismo. Sinclair: su amor se siente atraído por mí. El día que me atraiga a sí, acudiré. No quiero hacer regalos. Quiero ser ganada.
Un tiempo después me contó otra historia. Se trataba de un enamorado que amaba sin esperanza. Se refugió por completo en su corazón y creyó que se abrasaba de amor. El mundo a su alrededor desapareció; ya no veía el azul del cielo ni el bosque verde; el arroyo ya no murmuraba, su arpa no sonaba; todo se había hundido, quedando él pobre y desdichado. Su amor, sin embargo, crecía; y prefirió morir y perecer a renunciar a la hermosa mujer que amaba. Entonces se dio cuenta de que su amor había quemado todo lo demás, de que tomaba fuerza y empezaba a ejercer su poderosa atracción sobre la hermosa mujer, que tuvo que acudir a su lado. Cuando estuvo ante él, que la esperaba con los brazos abiertos, vio que estaba transformada por completo; y, sobrecogido, sintió y vio que había atraído hacia sí a todo el mundo perdido. Ella se acercó y se entregó a él: el cielo, el bosque, el arroyo, todo le salió al encuentro con nuevos colores frescos y maravillosos; ahora le pertenecía, hablaba su lenguaje. Y en vez de haber ganado solamente una mujer, tenía el mundo entero entre sus brazos y cada estrella del firmamento ardía en él y refulgía gozosamente en su alma. Había amado y, a través del amor, se había encontrado a sí mismo. La mayoría ama para perderse.
Mi amor hacia Frau Eva era el único sentido de mi vida. Pero ella cambiaba cada día. A veces creía sentir con seguridad que no era su persona por la que se sentía atraída mi alma, sino que ella era un símbolo de mi propio interior que me conducía más y más hacia mí mismo. A menudo oía palabras de ella que me parecían respuestas de mi subconsciente a preguntas acuciantes que me atormentaban. Había momentos en los que me devoraba el deseo y besaba los objetos que habían tocado sus manos. Y lentamente fueron superponiéndose el amor sensual y el amor espiritual, la realidad y el símbolo. Podía suceder que en mi habitación pensara en ella con tranquila intensidad y sintiera su mano en mi mano y sus labios en los míos. Otras veces estaba con ella, miraba su rostro, le hablaba, escuchaba su voz y no sabía si era realidad o sueño. Comencé a intuir de qué modo se puede poseer un amor eternamente. A veces, leyendo un libro, descubría una nueva idea; era como un beso de Frau Eva. Me acariciaba el pelo y me dedicaba una sonrisa cálida y perfumada, y yo tenía la misma sensación de haber dado en mí un paso adelante. Todo lo que me era importante y definitivo, adquiría su figura. Ella podía transformarse en cada uno de mis pensamientos, y cada uno de mis pensamientos en ella.
Había temido las vacaciones de Navidad, que pasé en casa de mis padres, porque creía que iba a ser un tormento vivir dos semanas enteras lejos de Frau Eva. Pero no lo fue. Era una delicia estar en casa y pensar en ella. Cuando volví a H. pasé aún dos días sin ir a su casa para disfrutar de aquella seguridad e independencia de su presencia física. También tenía sueños en los que mi unión con ella se realizaba en nuevas formas simbólicas. Ella era un mar en el que yo desembocaba. Era una estrella y yo otra que caminaba hacia ella; y nos encontrábamos, nos sentíamos atraídos mutuamente, permanecíamos juntos, girando dichosamente el uno en torno al otro en órbitas próximas y armónicas.
Cuando volví a verla, le relaté este sueño.
–El sueño es hermoso –dijo tranquilamente–, hágalo realidad.
Hermann Hesse. Demian
Historia de un casting
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Por si alguien no se ha enterado, hoy es el casting para la película “Furia de Titantes 2″. Llego a las ocho y media a La Laguna y la cola empieza en el Ateneo, baja por la calle de La Carrera, dobla por Tabares de Cala y termina al final de Herradores. Más o menos a las nueve llega una chica de la organización y grita lo siguiente:
Piercings, tatuajes, pelo teñido o rapados pueden marcharse y dejar de perder el tiempo porque no los vamos a seleccionar.
Muchas personas que coinciden con una o más de esas características comienzan a abandonar la fila, otros se quedan porque prefieren probar suerte. Ahora ya sé que mis posibilidades de superar el casting tienden a cero pero no me marcho, no porque quiera intentarlo sino porque me lo estoy pasando genial vacilando con la gente que tengo cerca.
Al rato aparece mi compañera de trabajo con su perro. Oye, es increíble lo fácil que resultaría conocer a chicas simplemente paseando a un cachorrito, me voy a plantear seriamente hacerme “paseador” de perros. Ella confirma mis sospechas, se niega a dejar que su novio pasee solo a su perro precisamente por eso.
Pasa el tiempo y poco a poco vamos avanzando. Cuando sale el sol y comienza a tostarnos la cabeza es entonces cuando el ánimo comienza a decaer. Yo sólo trato de encontrar sombra donde cobijarme y evitar acabar con quemaduras. Entonces aparece un señor y me pregunta qué es lo que ocurre que hay tanta gente en la cola.
–Nada, que están haciendo un casting.
–¿Un casting para qué?
–Para conseguir algunos puestos en el Ayuntamiento. No hace falta experiencia previa ni nada, sólo hay que figurar y poco más.
–Uy, yo para eso no sirvo, a mí lo que me gusta es un buen vaso de vino.
–¡Pues perfecto! Para concejal de fiestas entonces.
Todo el mundo a mi alrededor se parte de risa, creo que apunto maneras para el club de la comedia. Luego aparece un periodista con un micrófono de Radio Club Tenerife buscando personas a las que entrevistar y me animan a que les cuente mi historia del casting para el Ayuntamiento pero yo, que soy un tío serio, no quiero entrar en polémicas.
Tuvo que venir una furgoneta de la Policía Nacional para montar un cordón porque se había montado una tremenda pelotera en la puerta del Ateneo y hasta la integridad física del tío que repartía los números llegó a verse seriamente comprometida. Por lo visto la escena se parecía más a un festín de buitres leonados intentando pillar un trozo de cadáver que a un grupo de personas civilizadas. Increíble.
Total, que es la una y cuarto y me tengo que ir a trabajar e intuyo que aún quedan dos horas más de cola desde donde estoy hasta poder conseguir un número. Además, una vez consigues el preciado premio, tienes que esperar aún más a que te llamen para que te tomen las pertinentes fotos cual delincuente común, es decir, frente y perfil, y las medidas como si de un sastre se tratase.
Conclusión, al igual que hicieron algunas personas, la próxima vez habrá que acampar desde la noche anterior a las puertas del recinto donde se vaya a realizar la selección. Duermes incómodo, no te lo niego, pero al menos ahorras tiempo y estar tanto rato de pie para nada.


