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Vacaciones [y II]

túnez

Bueno, mañana me piro de vacaciones, los 14 días que me faltaban por coger este año. En esta ocasión me voy un poco más lejos que en agosto y cojo rumbo a Túnez durante una semana. Aprovechando una oferta de 2×1 en Halcón Viajes, un circuito de 4 días por aquellas tierras y luego 3 días en el hotel y en la playa.

Creo que es hora de ir planificando el equipaje…

Conciertos

La verdad es que últimamente en Tenerife se han venido realizando unos cuantos conciertos importantes. De todos ellos sólo puedo hablar de dos que he podido disfrutar, quizás por mi afinidad musical o por posibilidad de asistencia.

El 29 de agosto en Adeje tuvo lugar el concierto de Juan Luis Guerra en su gira La Travesía Tour. Desde un principio se notaba que la asistencia iba a ser multitudinaria, sobre todo por el tráfico que había en la autopista una vez llegados a la salida de Adeje. Decir que el aparcamiento era ya escaso a las siete de la tarde, y ya había mucha gente en el campo de fútbol. Cuando comenzó el espectáculo, a eso de las diez y media, el césped y las gradas ya estaban abarrotados de gente ansiosa por ver al artista. Todos mirábamos hacia el escenario cuando de pronto salió un tipo que, visto lo visto, era un telonero. Personalmente no le presté la mayor atención, y creo que la mayor parte de los allí congregados tampoco. Incluso llegué a oír gritos invitándole a abandonar el escenario.

Cuando al fin el personaje en cuestión desapareció, comenzó el espectáculo con una proyección en las pantallas gigantes de un avión que aterrizaba al ritmo de las congas de la canción “La Travesía”, mientras se adivinaba la silueta de Juan Luis Guerra bajando por la escalinata para luego aparecer en el escenario y comenzar a cantar la canción. Todo el público se tornó entonces en una apoteosis de gritos, saltos y manos alzadas al ver al artista por fin.

http://www.vimeo.com/1638201

El resto del concierto continuó con sus grandes éxitos, canciones del último disco y alguna que otra pieza desconocida hasta entonces por mí. La calidad musical era indiscutible pero la conexión del artista con el público no pasaba más allá de una simple y llana interpretación de sus temas. Apenas hubo diálogo, no existió complicidad, simplemente llegó, cantó y se fue. La sensación general fue esa, un concierto muy corto y poco vibrante salvado únicamente por la fama de las canciones y la fuerza del público que las tarareaba.

Después del bis, parecía una broma de mal gusto que sólo hubiese durado una hora y media. Los gritos del público reclamando más parecieron no llegar a los oídos de Juan Luis Guerra o alguno de sus 4.40, y gran parte de los asistentes comenzaron entonces a silbar y gritar improperios al vacío del escenario, indignados debido a que el precio de la entrada no estaba a la altura de duración de la actuación.

Personalmente creo que ni la duración del concierto ni la empatía del artista estuvieron acordes al precio de la entrada, el desplazamiento hasta el campo de fútbol, precios de las consumiciones dentro del recinto…

Sin embargo, el concierto de Gloria Estefan de ayer viernes, 19 de septiembre, fue bastante diferente. Sobra decir que el C.I.A.T. es mucho más amplio que el campo de fútbol de Adeje, sólo las gradas son enormes aunque el campo de césped tenga las mismas dimensiones. Había aparcamiento de sobra en los alrededores, de hecho nuestro coche estaba a escasos trescientos metros de la entrada de la zona de césped.

Gloria Estefan surgió en el escenario detrás de unos telones blancos enormes y, como suele suceder con estos artistas, el público siempre responde de igual manera cuando aparecen en escena. Desde un principio se supo ganar al público, haciéndolo partícipe de sus canciones, tanto de las más movidas como de las más lentas.

http://www.vimeo.com/1772241

La artista dio muchas muestras de complicidad con el público, sobre todo cuando nombro a la gran Celia Cruz, tan querida aquí en Tenerife, y recordó las palabras que ella le había dicho en una ocasión haciendo referencia “al calor del público tinerfeño”. Tomó en sus manos una bandera de Cuba que lanzaron desde el público, pero la nota más curiosa es cuando recogió una bandera canaria con siete estrellas verdes en ella y la intentó colgar en el escenario usando los pies de la batería para tal fin. Sin embargo, no fue lo único que recogió del público que se volcó con ella, también algunos objetos que le lanzaban haciendo referencia a la canción que estuviese cantando en ese instante.

A mitad de la actuación hubo un cambio radical de estilo cuando presentó a su hija Emily, que se colgó una guitarra eléctrica y comenzó a tocar los primeros acordes de “School’s Out” de Alice Cooper como guitarra solista, acompañada del resto de la banda. Al terminar la canción, corrió hasta la batería y siguió mostrando sus dotes musicales acompañando a las guitarras eléctricas con virtuosidad.

Después del intermedio roquero, Gloria Estefan continuó deleitando con sus canciones e interacción con el público. Después del primer bis el público seguía solicitando más de la artista, tanto que ya en el cuarto bis confesó que ya no tenía nada más para cantar. Fue entonces cuando tomó una guitarra, se sentó en un taburete y confesó sentir predilección por una canción que había aprendido de niña que resultó ser “La rosa y el ruiseñor” de Joselito. No quedó ahí, porque el público comenzó a solicitarle a gritos “Santo, Santo” y ella tuvo que disculparse porque su orquesta no había tocado esa canción nunca. Sin embargo, comenzó a cantar “a capella” y, ofreciéndole el micrófono al público, dejó que éste cantase los versos de la canción.

Cuando terminó el concierto, después de dos horas y media, esta vez la sesación sí fue de satisfacción. Lástima que este sea el último concierto de Gloria Estefan.

Crónica de un beso anunciado

besoFue así, de repente. Apareció ante mis ojos y estaba allí, sentada esperando, supuse, a ser llamada al despacho. Sinceramente no sé qué fue, no sé decir cómo fue, pero se adueñó de mis pupilas y allí se quedó. Fueron sus formas caprichosas, fueron sus labios carnosos, fue a lo mejor su mirada inocente, no lo sé.

Algo en mí instaba a que mi sentido común hiciera acto de presencia y solicitase la vuelta a la realidad mientras la parte más visceral de mí comenzaba a inquietar mi estómago y mi corazón. Mientras pasaba a su lado sin que apenas ella notase mi presencia, haciendo alarde de mi innata capacidad para pasar desapercibido, yo ya estaba pensando en dónde y cuándo sería la próxima vez que la pudiese ver de nuevo, porque ese era mi mayor deseo, volverla a ver y poder deleitarme una vez más del delicioso néctar que emanaba de ella y bebían mis ojos y emborrachaba mi mente.

Pero, incluso así, después de imaginar mil y un reencuentros, de nada me sirvió mi imaginación para prepararme ante la sorpresa de volver a tenerla ante mí, más cerca que la última vez, conocer su nombre y escuchar su voz. Un torrente de sensaciones bullía dentro de mí mientras intentaba mantener la fachada de tranquilidad y seriedad, una y otra vez, en cada ocasión que nos volvíamos a encontrar, cruzábamos palabras banales y superfluas, manteniendo dentro de mí todos pensamientos que germinaban en cada nuevo encuentro.

El tiempo pasó y, siembre amparado bajo el axioma de “nada surge de la nada”, logramos al fin lo que tanto deseábamos hacer y no nos atrevíamos a iniciar. Cuando mis labios rozaron los suyos, como un castillo de naipes me derrumbé hasta su boca como si un remolino de aguas frescas y rejuvenecedoras me hubiese atrapado, y es que en verdad me hacía sentir como el chiquillo que descubre por primera vez el beso largo tiempo ansiado.

Y continuamos besándonos, ahora con la suavidad de la pluma que acaricia, ahora con ímpetu desbordante, ahora rápido y a hurtadillas, ahora largo como un paseo por prados en flor. Así eran y así son, besos.

Costumbrismo interpersonal

costumbrismoLos seres humanos somos animales de costumbres, animales sociales al fin y al cabo que requieren de relaciones con otros, semejantes en su forma, pensamiento. Adaptamos nuestra rutina diaria a la de otra persona con quien compartimos la mayor parte de nuestro tiempo, como dos engranajes deben encajar el uno con el otro para conseguir su movimiento sincronizado. A veces surgen roces, acritudes, situaciones que amenazan la estabilidad del mecanismo, es inevitable. Otras veces la conexión es tan perfecta que resulta difícil pensar que en algún momento pudo o puede llegar a fallar.

Esto es la compañía, las relaciones interpersonales, compartir el mismo hábitat vital con otra persona. Lo más curioso es, quizás, cómo nos acostumbramos a la compañía y cómo nos sentimos extraños ante su ausencia. Cómo estamos forzados a olvidar lo que tuvimos que aprender para poder convivir, la separación, la pérdida de la rutina de la costumbre. Para algunos, una paz y una bendición, y para otros, un auténtico síndrome de abstinencia.

¿De qué depende esta diferencia? Principalmente de la cantidad de tiempo donado a la convivencia y, sobre todo, la calidad de la misma. A mayor calidad, el factor tiempo siempre resulta insuficiente, siempre queremos más y más. Es por eso que a mayor calidad, mayor sensación de pérdida.

Personajes literarios

A menudo sucede que nos identificamos con personajes de alguna película, alguna serie, alguna canción… Hoy toca hacer una lista de personajes literarios con los que me indentifico total o parcialmente:

  • El Principito. Personaje de la novela homónica de Antoine de Saint-Exupéry, rebosa curiosidad por todos los lados. También es bastante caprichoso y cabezota, dos cualidades que a veces harán sufrir al resto de personajes con los que se encuentra.
  • El Salvaje. Personaje de la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Firme defensor del amor, el romanticismo y la belleza de las palabras de los grandes autores de la historia, incomprendido de la sociedad anodina que lo adopta.
  • Harry Haller. “El lobo estepario” de Hermann Hesse, siempre en lucha sus dos almas, la humana y la lobuna. Excluído de la sociedad por su propia condición, siempre analizando y meditando sobre cualquier detalle del mundo, bien para gozar de él o para sufrir con él.

Quién sabe si seguiré aumentando la lista…

El bloqueo

bloqueoTenía pensado escribir palabras elevadas, con sentimiento, de esas que dan que pensar, pero hace ya tiempo que sufro de lo que se denomina “el bloqueo del escritor”. No se me ocurre nada sobre lo que hablar. Paso el tiempo delante del teclado con una pantalla en blanco que parece que me mira con ojos inquisidores pidiendo uno o dos párrafos de palabras interconectadas, con cierta coherencia y algo de sustancia. Es entonces cuando buceo en los archivos de mis palabras y leo cosas que, lejos de ser dignas de premios y alabanzas, al menos tienen fuerza.

¿De verdad era yo el que escribía esas cosas? ¿Acaso se acabó todo lo que tenía que decir? No lo creo, es sólo que mi situación actual no me da ningún motivo de escritura, no tengo apenas miserias sobre las que escribir quizás porque no las tengo en mi vida y no me incitan a hablar sobre ellas. Es eso, prefiero mi estabilidad actual en detrimento de mi creatividad, nada más.