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Ese pájaro azul
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Hacía tiempo que no escribía en Liberitas, ya fuese porque andaba de viaje por Japón, por Fuerteventura o de escapada de fin de semana, o tal vez porque otras actividades robaban mi tiempo libre hasta el punto de no tener un momento de aburrimiento. Quería escribir y, a pesar de usar otros medios como puede ser Twitter, ciento cuarenta caracteres no son suficientes para mí.
Lo cierto es que ya ha llovido bastante desde que hace poco más de un año que decidí quitarle el polvo a aquella cuenta que un día registré. He conocido a mucha gente y, afortunadamente, todas estas personas me han aportado algo. Hemos ido a la playa, de cena, de fiesta, de viaje… ¡Hasta he jugado al paintball por primera vez en mi vida! También es cierto que ocurre como en todos lados y siempre te topas con alguien más o menos especial, con intenciones un tanto cuestionables pero, al fin y al cabo, siempre se aprende de ello tratando de dejar rencores a un lado.
Sigo conociendo, sigo aprendiendo, sigo hacia adelante… Pero siempre sigo.
Sueños publicitarios
0It’s hard. They always do that; as soon as they get what they want, they disappear. They take in front of me time and time again, and i let them. Sometimes I feel so dirty, used. What happened to romantic dinners? Picnics at the beach? Holding hands in the park? A cosy night with DVDs and popcorn? They don’t see me as me. They see me as some sort of toy. Sometimes I just wanna be held at night. All they think about is fuck. And fucking is nice but not 24/7. Women are pigs.
Become a girl toy. There is a Jack & Jones store near you.
El mensaje está claro, ponte esta ropa y será el juguete sexual de las tías, no hay más. Sin embargo, el diálogo del tío me ha resultado curioso y creo al combinarlo con las imágenes y una buena edición de vídeo se consigue llegar hasta el espectador. Se hace extraño que un hombre ande diciendo todas esas cosas cuando normalmente estaríamos acostumbrados a que fuese una mujer. La situación es tan surrealista que logra su objetivo, que el individuo que esté viendo el anuncio sufra un episodio onírico durante el estado de vigilia, dicho de otra manera, comience a soñar despierto imaginándose en la situación en la que se encuentra el protagonista. Pero claro, junto a esta idea va asociada la marca como condición para alcanzar esa fantasía, y ahí es donde la empresa detrás del producto saca su parte lucrativa, es decir, dinero.
Siempre se ha dicho que los que más dinero gastan en publicidad son los que menos la necesitan. Hoy en día, gracias a Internet, las empresas se están ahorrando mucho presupuesto en publicidad porque no sé cómo estará ahora mismo la relación tiempo/dinero en la televisión, pero la red y con un par de herramientas gratuitas en lo único que tienen que gastar es en la agencia de publicidad y poco más. Es un negocio redondo, porque luego serán los propios usuarios los encargados de diseminar su campaña por todo este vasto territorio que es la red mundial, ya sea a través de blogs o redes sociales, el perfecto caldo de cultivo.
La publicidad siempre se ha aprovechado de los deseos, más o menos básicos, que todos poseemos de manera que nos transmite la idea de que consumiendo productos lograremos satisfacer nuestras ansias y, al fin y al cabo, ser felices aunque cada uno a su manera. Esa es la mentalidad de las sociedades del consumismo salvaje y el materialismo enfermizo. Si se lograse hacer lo mismo con la cultura estoy seguro que otro gallo cantaría.
Felicidad y placer
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No puedo decir que el Facebook me resulte especialmente interesante porque ver fotos de la gente que conozco, leer sus comentarios y en ocasiones participar en ellos es una actividad un tanto tediosa, más parecida a merodear. Sin embargo, a menudo me paseo a menudo por las páginas de esa red social y me da por pensar en distintos temas que me llevan a divagar. La cuestión es que recientemente ha surgido cierto debate porque una de mis contactos ha lanzado la siguiente pregunta al aire:
Si hago lo que debo, seré correcta; si hago lo que quiero, seré feliz. ¿Qué hago entonces?
Se encuentra en una situación curiosa y, a decir verdad, todos nos hemos visto envueltos en alguna encrucijada parecida. Querer, poder, deber… ¿Qué hacer? Al igual que en un problema de lógica, tenemos unos datos y debemos plantear una resolución. En su caso, en primer lugar evaluaría todas las opciones disponibles e incluso buscaría alternativas que en primera instancia no hubiese tenido en cuenta. Luego, con todas las cartas sobre la mesa y en función de las circunstancias que rodeen al problema en sí mismo, elegiría la respuesta más correcta entre aquellas que sean satisfactorias para mis intereses.
Pero claro, en la teoría parece mucho más sencillo de lo que es en realidad la práctica.
¿Quién es el juez que dicta sentencia sobre la corrección o ausencia de ella en una acción? Podríamos decir que uno mismo, en su fuero interno, es su propio juez y verdugo, lo cual es cierto, y también que toda acción tiene su reacción. Ahora bien, ¿qué es lo que se juzga, la acción o la reacción? Esa consecuencia tendrá efectos sobre uno mismo y, muy probablemente, sobre más individuos, que a su vez tendrán su propio juicio acerca de nuestra acción, lo cual dará como resultado una valoración y otra reacción. Es igual que una ficha de dominó que cae y empuja a la siguiente en una sucesión o un péndulo de Newton en el que la bola de un extremo hace que la del otro extremo se mueva.
¿Qué hace que una acción sea correcta o no? Esto depende en gran medida de la educación recibida, los valores inculcados por la familia, las condiciones sociales en las que el individuo se desarrolla, en resumen, la moral y la ética de cada uno. Esas son las caras del prisma a través del cual distinguimos aquello que es correcto de lo que no lo es. Aquí tenemos el primer elemento de discordia a la hora de elegir la forma de actuar.
Imaginemos una partida de billar en la que nuestra acción es golpear con el taco a la bola blanca que, como consecuencia, se desplaza por el tapete de la mesa sin llegar a contactar con otra bola. Como jugadores debemos saber que nuestra acción no ha sido correcta pues hemos malgastado una jugada y hemos regalado dos tiros a nuestro oponente que, también considera que nuestra jugada no ha sido correcta pero, al contrario que para nosotros, para él sí es satisfactoria para sus intereses.
Ahora bien, imaginemos el caso de que un adolescente que desea salir de fiesta un jueves por la noche pero sus padres no se lo permiten porque al día siguiente debe asistir a clase. Si acata la orden de sus progenitores, que va en contra de sus intereses, estará haciendo lo correcto mientras que satisfará a la vez los deseos de sus padres.
En base a esto, podríamos afirmar que cualquier acción, correcta o no, puede tener distinta valoración en función de los intereses de quién la interprete. Así, entra en juego el placer, que no es más que la comparación de las distintas variables presentes en un elemento dado, sea material o no, con las variables que nosotros mismos consideramos como satisfactorias. Si coinciden, nos producirá placer, mientras que si no es así, nos producirá desagrado, y este es el segundo factor disonante que interfiere en nuestra toma de decisiones.
Cuando hablamos de placer debemos saber que nos referimos a la activación de zonas específicas de nuestro cerebro, una respuesta automática y fisiológica de la parte más primitiva de este órgano ante un estímulo concreto pero, ¿el placer, la satisfacción de nuestros intereses, nos hace ser felices? En la mayor parte de los casos sí ocurre de esta manera. Ahora bien, ¿es lo mismo el placer que la felicidad, o viceversa? No, porque la felicidad es un sentimiento, un proceso mental superior, una interpretación de distintas emociones, entre las cuales se encuentra el placer, y que es llevada a cabo por la corteza cerebral.
Es por todo ello que en situaciones como esta es donde la inteligencia emocional y, sobre todo, la empatía, juegan un papel decisivo a la hora de tomar una decisión y llevarla a cabo.
Volviendo al tema de la pregunta de esta conocida, ha recibido bastantes respuestas, entre ellas la mía. Creo que he sido lo suficientemente asertivo y conciso a la hora de expresar mis pensamientos pero he podido comprobar que no me encuentro dentro de la tendencia general. No tengo idea si las respuestas de las demás personas están sesgadas por la proximidad afectiva o si realmente usan esa manera de actuar en su vida diaria. Sinceramente, si se trata de esto último me preocupa porque he podido extraer algunas perlas:
- Hay que hacer lo que a uno le apetece hacer, no se debe tener en cuenta nada más.
- Lo que te hace feliz es lo correcto, la opinión de los demás al respecto no importa.
- Hay que ser egoísta y pensar en uno mismo, el altruismo es una anécdota.
- Hay que ser feliz a toda costa, el fin justifica los medios.
La proporción ha sido mi opinión contra siete individuos que hacen apología del hedonismo más radical, y aunque sé que la población de estudio no es estadísticamente significativa me da mucho que pensar acerca de las motivaciones de la gente hoy en día y en nuestra sociedad. No es nada nuevo, la verdad, porque todos nosotros buscamos el placer propio aunque hay quien usa caminos un tanto cuestionables.
Edición de vídeos
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He publicado algunos vídeos en Youtube y los pocos que he editado yo mismo han sido por necesidad, como cuando escribo un post acerca de alguna canción que me gusta y no puedo encontrarla en ninguna página. En esos casos uso el programa más simplón que ha caído en mis manos, el Windows Live Movie Maker. Simplemente uso la carátula del disco, añado la pista de audio y lo exporto con calidad 1080p. En principio puede parecer una burrada pero los vídeos que consigo tienen muy buen audio y ocupan muy poco espacio en relación a la calidad, precisamente porque es una imagen estática y nada más.
En alguna ocasión he tenido que hacer una edición más seria de vídeo y en esos casos he usado un programa de la empresa Ulead, el Corel VideoStudio Pro X3 que actualicé recientemente. Cuando usaba la anterior versión, la X2, tenía problemas para editar vídeos en formato MP4 y pensaba que con esta nueva versión se habría solucionado este molesto impedimento pero cuál sería mi sorpresa cuando compruebo que sigue todo igual. Cada vez que intento llevar a cabo alguna tarea con alguno de esos vídeos el programa se bloquea y se cierra.
A decir verdad no sé si se trata de mis vídeos o del propio programa pero la cuestión es que he tenido que convertir los archivos a formato AVI. La primera vez lo hice online desde la página Media Convert, una solución perfecta cuando no quieres o no puedes instalar software en el ordenador en el que te encuentres porque simplemente subes el archivo y te lo descargas una vez transformado. La cuestión es que con la velocidad de subida de mi conexión se puede convertir en una tarea muy tediosa cuando los vídeos que uso ocupan unos cien megabytes de media. Como me corría algo de prisa estuve buscando distintas soluciones hasta que di con un programa gratuito y bastante sencillo de utilizar, el Any Video Converter.
Una vez convertidos los vídeos a formato AVI usando el códec Xvid, editarlos en el VideoStudio es coser y cantar.
