Hoy he visto Wall·e, la última película de Disney. La verdad es que es curioso cómo una película con poquísimos diálogos transmite tanto; esto es un claro ejemplo de la comunicación no verbal. Los chicos de Pixar lo han hecho muy bien, me ha encantado la película.
He de decir que en un par de momentos de la película he tenido la lagrimilla preparada, y es que todavía guardo en la memoria la escena de Cortocircuito 2 en la que Johnny 5 es destrozado. Vivo traumatizado con esa escena, es la verdad y, sobre todo, cuando el pobrecillo se arrastra como puede hasta la tienda de electrónica para intentar repararse. Es por eso que me he puesto algo sentimental con Wall·e, aunque no tanto como la chica que se deshidrataba por los ojos con sólo ver el trailer de la película.
Ahora bien, creo que los de Pixar le han dado a Wall·e un aire similar a Johnny 5 aprovechando el tirón que tuvo en su día sus películas y que es un personaje universal de la robótica cinematográfica. No se los reprocho, ha sido una jugada estratégica para enganchar a los ochenteros, a los niños y a sus padres.
Por cierto, hay que ver los títulos finales, haciendo una repaso a la evolución del arte pictórico de la humanidad desde las pinturas rupestres, el impresionismo hasta los dibujos de 8 bits de los videojuegos. Por cierto, Pixar es conocida por poner en todas sus producciones guiños a otras películas que han realizado, y Wall·e no es la excepción. En esta página [en inglés] tienes una lista bastante extensa de lo que los angloparlantes llaman “easter eggs” escondidos en la película.
¿Te suena de algo esta canción? Efectivamente, es la canción original de Los Kjarkas que plagió el grupo Kaoma para hacer su Lambada. Las principales diferencias son la traducción íntegra al portugués [o brasileño, si somos puristas] y el cambio de ritmo. La parte en la que hablan quechua no sé si es una traducción de los versos en castellano…
Venía de camino del Puerto y buscando alguna emisora de radio decente me topé con unos acordes que me transportaron años atrás, hasta los años 80… La Guardia estaba tocando una de sus más famosas canciones:
A menudo sucede que nos identificamos con personajes de alguna película, alguna serie, alguna canción… Hoy toca hacer una lista de personajes literarios con los que me indentifico total o parcialmente:
El Principito. Personaje de la novela homónica de Antoine de Saint-Exupéry, rebosa curiosidad por todos los lados. También es bastante caprichoso y cabezota, dos cualidades que a veces harán sufrir al resto de personajes con los que se encuentra.
El Salvaje. Personaje de la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Firme defensor del amor, el romanticismo y la belleza de las palabras de los grandes autores de la historia, incomprendido de la sociedad anodina que lo adopta.
Harry Haller. “El lobo estepario” de Hermann Hesse, siempre en lucha sus dos almas, la humana y la lobuna. Excluído de la sociedad por su propia condición, siempre analizando y meditando sobre cualquier detalle del mundo, bien para gozar de él o para sufrir con él.
Volviendo de camino de la playa, en el coche de [J], ha puesto una canción cuyos primeros compases ha despertado cierto sentimiento de “déjà-vu”. Joder, esto me suena, ¡esto es Metallica! Pero no, no queda ahí la cosa… Esta es la lista cronológica desde la copia más reciente de Porta hasta la original de Metallica:
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