Tiempo

tiempoCon el vacilón del cambio al horario de verano se me ha escapado una hora de mi vida. Por si fuera poco, cuando pienso que podría haber pasado esa hora contigo no consigo sino acrecentar el sentimiento de pérdida que me embarga. Porque es tu pelo, porque son tus labios, porque son tus ojos, porque eres toda tú la que tiene mi mente y mi corazón secuestrados. Tengo miedo, no te lo voy a negar, miedo de que tomes esa frágil parte de mí que me apega a la vida y la rompas en mil pedazos dejándome desnudo de ti y de ganas de vivir. Mi mente lucha contra mi corazón, porque no sé por qué se abandona tan fácilmente a tus besos y caricias. Y cuando no los tiene, mi víscera emocional suspira por ellos y sangra lágrimas amargas como la hiel.

Sólo tus manos pueden mecerme y darme caricias, y sólo ellas pueden estrecharme hasta exhalar mi último suspiro. Tienes el poder de concederme los más elevados placeres o sumirme en el tenebroso mar del sufrimiento. Sólo pido clemencia con este pobre ánima, cansada de vagar mecida por el viento y que ha quedado prendida a una de tus ramas. He esperado toda una vida para encontrarte y, ahora que al fin veo mi empresa concluida, sólo deseo quedarme aquí, a tu lado si tú lo quieres así.

Da igual, no hagas caso a este indigente de caricias, con tanto sueño de soledad que ya no distingue la realidad de la mente de la realidad del corazón. Estoy tan cansado de luchar que sólo puedo abandonarme al reino de Morfeo, esperando el amanecer de un nuevo día que nos despierte mientras yacemos juntos.